adios muchachos

Adiós, muchachos (Au revoir les enfants)

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Adiós, muchachos (Au revoir les enfants) es la primera película de Louis Malle tras su vuelta a Francia, después de unos años trabajando en Estados Unidos. Pero, además de volver a su país natal, también volvió a las duras vivencias de su infancia, en un colegio interno mientras los nazis ocupaban casi toda la Europa continental.

Adiós, muchachos es, por tanto, el retorno a una época que le marcó tan intensamente que él mismo la reconocía como causa de su vocación cinematográfica. De hecho, es evidente su implicación personal en el modo en que cuenta la historia, algo que redunda positivamente en el resultado final de la obra que, como voy a explicar a continuación, tiene muchos aspectos muy interesantes para valorar.

¿Qué nos cuenta Adiós, muchachos?

La trama de Adiós, muchachos nos lleva a la Francia ocupada por los nazis en 1943. Julien, un niño parisino, comienza su estancia en un colegio regido por sacerdotes, donde también está interno su hermano mayor.

A pesar de que, al principio, da la sensación de que Julien está un poco verde, pronto vemos que se mueve con soltura y desparpajo, y se relaciona y negocia con todos los personajes posibles de su colegio.

Pero, sobre todo, lo que le interesa a Julien es acercarse a Jean, un chico con el que comparte aficiones e intereses, y que se muestra bastante reacio a relacionarse con otros compañeros del colegio. Según vayamos avanzando en la historia, descubriremos, de la mano del curioso Julien, cuáles son esos motivos que llevan a Jean a mostrarse tan retraído.

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Una historia muy personal

En este tipo de películas sobre la infancia y la juventud, se agradece cuando los responsables han sido protagonistas reales de la historia. Digo esto porque su punto de vista y su narración suelen contar con un punto de cariño y cercanía que se basta por sí mismo para atraer.

No hacen falta demasiados artificios ni figuras. La ambientación natural es suficiente para que cualquiera que lo esté viendo sienta que lo ha vivido y, de paso, recuerde experiencias similares.

En el caso de Adiós, muchachos, un buen ejemplo puede ser la escena con el profesor explicando en la pizarra y llamando a Jean para que resuelva un problema. Malle simplemente nos deja ver la situación como la veríamos si fuéramos cualquiera de los alumnos. No busca nada excepcional, no se lo inventa. Nos mantiene en clase atentos y lo hace gracias a que muestra cosas que todos hemos visto en clase de un modo u otro.

El toque de Malle en Adiós, muchachos

Louis Malle era ya un director muy conocido a nivel internacional cuando dirigió Adiós, muchachos. En su juventud, había rodado películas adscritas a la Nouvelle Vague, como Los amantes y El fuego fatuo, y también otras grandes obras como Ascensor para el cadalso y El soplo al corazón.

En esta última película, también se acerca al tema de la adolescencia, aunque aquí para analizar cómo un joven muchacho se inicia en el amor y lo hace, además, con su madre. El tema, ya de por sí delicado, le granjeó muchas críticas por esa postura de lejanía e imparcialidad que también plasma en Adiós, muchachos.

Y es que, si algo caracteriza a estas obras de Malle es su distanciamiento moral sobre los hechos narrados. A pesar de conseguir impactar emocionalmente al espectador, no vemos por parte del director ningún juicio ni valoración. Eso lo deja en manos de los que estamos frente a la pantalla y, con estos temas concretamente, esto no suele suceder.

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Polémicas aparte, nadie puede discutir el valor de esta gran película. Malle cuenta una historia tan real y emotiva que todos sabemos de qué lado ponernos y lo hacemos con mucho gusto. La defensa de la amistad y la condena a esa barbarie que supuso el nazismo, aunque puedan parecer sutiles, se aprecian con claridad, porque esa relación entre los muchachos ya ha quedado clavada en nuestra mente.

Recepción y crítica de Adiós, muchachos

Desde su estreno, los críticos han ido valorando positivamente esta película, hasta el punto de estar incluida en clasificaciones prestigiosas como las de Criterion, Roger Ebert o, como curiosidad, la lista de películas recomendadas por sus valores que elabora el Vaticano.

También estuvo presente en los grandes premios de su año, con dos nominaciones a los Oscar, como mejor película extranjera y mejor guion, y Malle se llevó el BAFTA a mejor director.

Actualmente, Adiós, muchachos sigue siendo una de las películas referentes de este director y, para muchos, la película que terminó de consagrar su figura como cineasta a nivel internacional.

En mi caso, creo que esta figura ya era bien reconocida y con esta película solo logró confirmar lo que muchos venían diciendo: Louis Malle era uno de los mejores directores de su generación y supo brillar a lo largo de muchas décadas y con muchos géneros distintos.

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