Alien, el octavo pasajero es una película de ciencia ficción, y de terror, y también de culto. Es uno de esos títulos que, a pesar de que pocas personas creían en él cuando se empezaba a gestar, el empeño y el talento de su director, en este caso Ridley Scott, hizo que se terminara produciendo una de las mejores películas de su época y una cinta de obligada visión para los amantes del género.

A pesar de que la ciencia ficción ya estuviera bastante explotada en el momento en que se estrenó, allá por el año 1979, y de que la mezcla entre este género y el terror estuviera asociada muchas veces a películas de bajo presupuesto, o de consumo poco exigente con la actividad intelectual, Scott pensó en una trama más seria y consistente, y vaya que si lo consiguió.

El ambiente que logró plasmar, no sólo visualmente, sino también gracias a la banda sonora compuesta por Jerry Goldsmith, provocó desde un principio una verdadera sensación de terror y angustia en los espectadores, que se sentían dentro de la película al igual que los protagonistas. Y no es menos, cuando uno se da cuenta de la gran visión y la gran labor que tuvieron al diseñar al Alien que tantas pesadillas nos ha ocasionado. Y es que, aún con el paso del tiempo, no es de esos monstruos creados en los setenta que ahora parecen viejunos, o demasiado atados a su época cinematográfica. Al contrario, el xenomorfo sigue siendo un elemento que se mantiene vigente y así lo ha demostrado con sus consiguientes apariciones en las secuelas, que ya son tres.

Y si tenemos que hablar de los actores, pues bueno, John Hurt, Harry Dean Stanton, Tom Skerritt… Pero, sinceramente, al final todos nos acabamos centrando en Sigourney Weaver, cuyo trabajo aquí marcó profundamente su carrera, y, aunque era una joven actriz con poca experiencia hasta entonces, no ha dejado de trabajar, tanto en la saga Alien, como en decenas de películas a partir de entonces, de diversos géneros y para distintos públicos.

Pero, volviendo a lo que supuso en su momento Alien, el octavo pasajero, hay que decir que el éxito fue bastante grande desde sus primeras semanas. Al “modesto” presupuesto de ocho millones de dólares se le calculan unos beneficios multiplicados por diez sólo en la taquilla americana. Eso supuso un fuerte refuerzo en la carrera de Ridley Scott, y también para el propio Alien, quien se vio rescatado en 1986 por James Cameron en Aliens, el regreso, una secuela que verdaderamente mantenía el alto nivel de la primera. La continuación fue a cargo de David Fincher, con Aliens 3 en 1993, y Jean-Pierre Jeunet firmaría Alien resurrección en 1997. Hasta ahí, todo iba bien con la historia. Pero ya sabemos la afición que se tiene en los últimos años a hacer ya no secuelas, sino precuelas, y para eso volvió Scott, para explicarnos los orígenes de todo esto con la fallida Prometheus, a la que se le va a hacer una secuela en los próximos meses, consolidando así una saga de Alien bien potente y estable, por delante y por detrás.

Pero, por muchas secuelas y precuelas que se hagan, y por muy logradas que estén en la dirección, en la interpretación y, cómo no, en los aspectos técnicos y visuales, hay que reconocer que será casi imposible que ninguna llegue a conseguir la maestría que tiene la genuina.

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