american beauty
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Cada vez que recuerdo American Beauty, o cada vez que alguien me habla de ella, son muchas las imágenes que me vienen a la mente. Pero, al final, lo que se impone es siempre lo mismo: la canción dichosa de American Woman, cantada por The Guess Who y, también, por Kevin Spacey al volante de su Toyota callejero.

Y no está mal ese recuerdo o ese vínculo entre película y canción. Porque la belleza americana (American Beauty), para muchos, también incluye a la mujer americana (American Woman). O, por lo menos, un tipo de mujer que, como veremos en esta reseña, no siempre es tan justo con el género femenino.

Estas son las cosas que pasan en América, sobre todo en aquella América tan al poniente que muchos llamaban lejano oeste, y que aquí nos cuesta entender. O no tanto, porque la película, y las películas de allí, en general, nos suelen gustar y las solemos comprender. Incluso las que tienen personajes tan excéntricos como American Beauty.

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¿Qué nos cuenta American Beauty?

Lester Burnham es un tipo medio, normal, de los que hay cientos de miles en California. Está casado, tiene una hija, un trabajo estable, una casa bonita y un par de coches. Su vida es tan acomodada que el aburrimiento no tarda en llegar y arrasar con todo.

Lo primero que se rompe es su familia, ya que no es capaz de sostener su relación ni con su mujer ni con su hija. Lester se ha aburrido tanto en los últimos años que decide bruscamente dedicarse más atención a sí mismo y a sus deseos.

Se enfrenta a su mujer, se distancia de su hija, deja su trabajo chantajeando a sus jefes y se pone a pastelear de manera groseramente descarada con la mejor amiga de su hija. Además, se compra un coche nuevo, empieza a ponerse en forma y le compra hierba a su nuevo vecino.

¿Qué es eso de la belleza americana?

Si hay algo que caracteriza al estilo de vida americano es esa consecución del sueño ídem, que ofrece al usuario todo aquello que anhela, sobre todo lo relacionado con los bienes materiales y la felicidad que de estos deriva.

Pero la felicidad, incluso material, no siempre está en lo más caro, lo más grande y lo más ostentoso. A veces, llega consiguiendo algunas pequeñas cosas, pero haciéndolo de modo libre, sin complejos ni complicaciones ni cuentas que dar.

Algo así es lo que le sucede a nuestro querido Lester. Porque él, en definitiva, empieza a disfrutar de otro tipo de belleza americana que, sin ser muy ortodoxa, también responde a esos idealismos de triunfador tan propios de aquellos lares. Y, por algún extraño motivo, que es lo que nos divierte a los nacidos en otros lares y culturas, es lo que termina provocando envidias.

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Lester contra el mundo o el mundo contra Lester

En American Beauty, se puede decir que todo sucede alrededor de los personajes. Y eso es algo que me gusta. Sam Mendes nos los va presentando tan sutil como inteligentemente, sin que se nos atraganten, pero sin dejarlos atrás. Cada uno a su manera y cada uno con sus mejores peculiaridades en la frente.

A la cabeza, y sobre el que todo circula, Lester Burnham (Spacey), que es el detonante de todo, de manera voluntaria y de manera involuntaria. Lo primero, sobre todo con lo que le atañe de un modo más directo: su familia, su trabajo y sus aficiones. Porque es él quien se despierta de esa vida de plástico y decide romper.

Es él quien dedica sus palabras más mordaces a su mujer (Annette Bening) y a su jefe. Y también es él quien sucumbe a las tentaciones juveniles que le llegan a través del novio (Wes Bentley) y de la mejor amiga (Mena Suvari) de su hija (Thora Birch). Sí, es como si quisiera rebobinar veinte años para rehacer su vida de otro modo. Dicho con otras palabras: la crisis de los cuarenta, pero a lo grande.

Pero lo que le llega de modo involuntario no es tan agradable. Esto son acciones de los adultos en los que su nueva forma de ser produce envidia: en su mujer Carolyn y en su vecino el coronel Fitts (Chris Cooper). Las reacciones de estos dos personajes son similares, provocadas en última instancia por el rechazo del propio Lester, pero el desenlace final es lo que, precisamente, da un toque impactante a la película.

Un reparto muy acertado

En muchas ocasiones, se suelen recordar los nombres de los actores que pudieron haber hecho tal o cual papel, o de los que rechazaron trabajos en películas exitosas. En la mayoría de esas ocasiones, creo que lo más divertido de esto es imaginar cómo habría sido la película o el personaje con otras caras. Pero con American Beauty es bastante complicado.

La primera razón, porque la mayoría de los nombres fueron primeras elecciones de Sam Mendes. Es verdad que, desde Dreamworks, se plantearon nombres como Tom Hanks o Chevy Chase para encarnar a Lester, y también se puso el nombre de Terry Gilliam sobre la mesa, para dirigir la película, aunque fue el criterio del propio Spielberg el que se impuso con Mendes.

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Hoy en día, es imposible imaginarse American Beauty con otros actores. Lo de Kevin Spacey aquí es espectacular. Su trabajo está a un nivel impresionante, y todos lo comenzamos a ver con otros ojos después de American Beauty. No es que fuera una sorpresa, después de haberle visto en Sospechosos habituales (The Usual Suspects. Bryan Singer, 1996), pero este papel mucho más protagónico fue una confirmación absoluta para consolidarle como uno de los mejores actores de su generación.

Qué decir de Annette Bening, o de las chicas, Mena Suvari o Thora Birch. Muchos podrán decir, probablemente más en el caso de Suvari, que podría haber otras opciones igual de válidas. Pero yo no quiero ni pensar en ello, porque no concibo la película sin su baile de animadora o sus escenas finales.

Incluso el caso de Wes Bentley, al que en su día adiviné un futuro glorioso que ahora es discreto, me parece imponente en esta película. Mención aparte a Chris Cooper, que tuvo sus serias dudas sobre el guion y que le sirvió para demostrar lo genial que es como actor. De esos que, por alguna razón, tienen un talento supremo y un reconocimiento que no se corresponde con este.

Recepción y crítica de American Beauty

American Beauty fue una película que gozó del favor de la crítica prácticamente desde el primer momento. Fueron muchos los profesionales del análisis cinematográfico los que hablaron bien de ella en prensa, y también fueron buenas las opiniones que iba suscitando en sus primeras proyecciones.

No es de extrañar que el mayor reconocimiento se dedicara a Spacey, Mendes y Alan Ball, el guionista de la misma. Eran los tres nombres más reconocibles a la hora de pensar en la película y a los tres les esperaba un futuro prometedor en los siguientes años.

En cambio, el primer fin de semana de estreno, American Beauty no fue demasiado exitoso. El público se mostró cauto ante una película que resultaba demasiado descarada para lo que muchos acostumbraban y solo después de un tiempo se asumió que el humor negro y la mordacidad de la película eran merecedoras de más de un visionado.

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En lo que se refiere a términos económicos, American Beauty resultó tremendamente rentable solo en Estados Unidos, con unas cifras espectaculares si se cuenta la taquilla internacional y, más aún, las consiguientes distribuciones para los mercados domésticos y televisivos.

Los premios también fueron justos con American Beauty. 5 Oscars, 3 Globos de oro, 6 BAFTA y multitud de otros premios y nominaciones que determinaban que había pocas dudas de que estábamos ante la mejor película del año y, probablemente, una de las mejores de toda la década.

Sigue siendo así. Más de dos décadas después, American Beauty no ha perdido un ápice de su fuerza y de su crítica. Verla hoy sigue suponiendo un gran divertimento, en el que resulta especialmente fácil disfrutar de un ritmo ágil con un humor afilado y unas interpretaciones inolvidables.

Y creo que dos décadas es un tiempo lo suficientemente prudente como para confirmar que estamos ante una de las mejores películas de los 90 del siglo pasado y que, por merecimiento propio, suele aparecer en todos esos recopilatorios de recomendaciones y mejores películas de determinado tiempo o de la historia del cine en general.

A partir de aquí, abro el debate a que me digáis qué os parece American Beauty, si creéis que es una buena película o si, por el contrario, os parece que está sobrevalorada. Os espero en los comentarios de esta misma entrada o en Twitter, donde suelo estar hablando de cine o respondiendo a todas aquellas cuestiones que me planteéis.

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