chacal the day of the jackal
chacal the day of the jackal

Hay algo en el cine de comienzos de los setenta que me resulta tremendamente atractivo. Sus historias, variadas como siempre, son valientes. Y también es valiente la manera de contarlas. Pero puede que sea la pureza con la que se transmite la estética corriente, la vida de la calle, el olor de la madera de las escaleras y el polvo en los marcos de las ventanas. Todo eso que va desapareciendo a pasos agigantados incluso en las grandes capitales europeas y que uno percibe cuando ve películas como la que hoy abordo: Chacal (The Day of the Jackal).

Y no es porque Chacal esté ambientada en los setenta, precisamente. Rodada en 1973, su acción se remonta diez años atrás, cuando parecía que llegaba la calma política a una Europa que había sido devastada por la Segunda Guerra Mundial. Chacal es el pseudónimo del asesino que ha sido contratado para matar a Charles De Gaulle en París. Uno de los asesinos a sueldo más temibles del siglo XX y uno de los más legendarios, gracias en gran parte a esta película.

Chacal, una historia casi de verdad

Chacal es una adaptación de la novela El día del chacal, escrita por Frederick Forsyth en 1971, en la que se cuenta con una precisión asombrosa una historia ficticia sobre un terrorista que pretende acabar con la vida del jefe de gobierno francés.

Esos aspectos tan destacables de la novela, que a muchos que no la aborden como tal hasta les puede parecer una historia real o un avanzado reportaje periodístico, los traslada muy bien Fred Zinnemann a la gran pantalla. De hecho, éste es el principal mérito del director, y lo que hace de esta película algo tan especial y tan representativo de esos años.

chacal the day of the jackal

La historia de Chacal habría podido ser perfectamente real, argumentarán algunos. Pero eso no le resta mérito. Su tono intencionadamente documental nos hipnotiza a la hora de situarnos en la escena. Y, sobre todo, a la hora de vernos sumergidos en un ambiente en el que, casi siempre, nos sentimos vulnerables, tanto por vernos en la piel de las supuestas víctimas como en la piel del protagonista. Desde el principio, todo juega a favor de que nos metamos en la historia y, con apenas esfuerzo, nos servirá para disfrutar de una película con un ritmo y una narración tan apasionante que se nos pasará volando.

La labor de dirección en Chacal

A Fred Zinnemann se le suele conocer por la magistral Solo ante el peligro (High Noon. 1952). Pero su filmografía viene ya de antes y se mantuvo con muy buen nivel durante los siguientes años. No es un director al que haya que vincular con el cine comercial, y sus cuatro premios Oscar hay que valorarlos en su correcta medida.

Si valorábamos antes las condiciones documentales de Chacal, es porque Zinnemann conocía muy bien ese género. Su primera estatuilla fue, precisamente, por un documental, aunque sus trabajos en los 30 ya avanzaban un gusto por el realismo que solo tardaría en confirmarse como tendencia mundial unos pocos años más. De hecho, aunque de un modo muy distinto, ¿no juega con esa sensación de realidad también en Solo ante el peligro y su duración exacta de 80 minutos?

Para no parecer exagerados, sobre todo para aquellos que aún no la hayan disfrutado, hay que decir que, en su momento, Chacal era tan precisa en su narración de un posible atentado que llegó a estar censurada en Chile. Y es que la gente de Pinochet vio en ella una especie de tutorial sobre cómo matar al dictador, aunque la prohibición no duró demasiado y, finalmente, se estrenó de modo limitado.

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Más motivos para ver Chacal

Una buena historia es la base de las razones para ver una película. Obviamente, la dirección adecuada puede suponer el éxito o el fracaso de la misma y, también, el resto de elementos que forman parte del film. En este caso, tengo que aplaudir especialmente la labor de Edward Fox, un actor de enorme solvencia que, en este caso, se luce con brillantez para interpretar a un puntilloso asesino.

Insisto, igualmente, en la hermosa ambientación y en todos los detalles que hacen que uno, tantos años después, se pueda sentir parte del escenario, de los personajes y de la misma acción. Este realismo es más común en el cine setentero de Europa que en el americano o, en otras palabras, más intenso.

Hay que decir que la elección de Fox, un actor que no se situaba en la primera línea de fama en el mundo del cine, fue un punto a favor para conseguir ese realismo y credibilidad que buscaba Zinnemann. Pero, a la vez, también fue uno de los motivos por los que la película no atrajo a tanto público a las salas. Y es que, a pesar de la buena historia y el nombre de su director, la ausencia de estrellas en el reparto fue un óbice para su gancho comercial.

Aquí un mérito más para considerarla como una película valiosa. Y es que, a pesar de no haber gozado de éxito en la taquilla, el paso de los años sí ha hecho justicia con ella. Siempre ha sido un título muy cotizado en las parrillas televisivas y también muy apreciado por el público de todo tipo. De hecho, casi medio siglo después de su estreno, uno siente que está disfrutando de un producto audiovisual de tanta calidad que su gusto antiguo es como el de los buenos vinos viejos.

Por último, no confundir con otros chacales…

Y es que hay un terrorista, bastante conocido y también relacionado con asuntos de política internacional, cuyo mote es el de Chacal. Pero no tiene nada que ver con esta historia, que es completamente ficticia. Así la pensó Forsythe y, en realidad, es mejor que la de este sujeto.

Para los que quieran otro punto de vista sobre la historia del Chacal ficticio, hay que recordar que existe otra película, americana en este caso, de 1997, dirigida por Michael Caton-Jones y protagonizada por Bruce Willis y Richard Gere. Pero, honestamente, no merece demasiado la pena, es bastante inferior al Chacal de Zinnemann.

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