cine y propaganda

Cine y propaganda: grandes películas que fueron utilizadas con fines políticos

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El cine es un canal por el que se pueden transmitir muchas ideas de un modo masivo. Esto lo saben los políticos y los poderosos desde hace más de un siglo y, por supuesto, lo han aprovechado. La relación entre cine y propaganda ha estado y estará siempre presente, algunas veces de un modo más evidente y otras de un modo más sutil. Incluso habrá películas que, de una manera inocente, también puedan ser consideradas propaganda, aunque seguramente lo sean más por grupos conspiranoicos, aburridos o con ganas de ofenderse rápido.

La mayoría de las películas de acción y guerras hechas en Hollywood son consideradas por mucha gente como una sutil propaganda de sus valores, de su estilo de vida y, sobre todo, de un capitalismo imperialista salvaje. Nosotros, a cosas como Independence Day o, por supuesto, Star Wars, las preferimos catalogar como productos de entretenimiento, con mejores o peores resultados artísticos.

Pero, sobre todo hace unas décadas, cuando el cine era el ocio más habitual para mucha gente, los regímenes totalitarios y no tan totalitarios lo utilizaron, o pretendieron, a su favor. Desde la Unión Soviética a la Alemania Nazi y los Estados Unidos de la Segunda Guerra Mundial. Cine y propaganda han ido de la mano y aquí os dejamos unas grandes obras que dan muestra de ello, aunque algunas de ellas hoy simplemente nos parezcan objetos de culto artístico.

Ejemplos de cine y propaganda

El nacimiento de una nación (Birth of a Nation. D. W. Griffith, 1915)

peliculas que hoy no se podrian estrenar

W. Griffith siempre será recordado como el padre del cine moderno. Su trabajo en la era del cine mudo allanó el camino para algunas de las técnicas más innovadoras de la industria,como los primeros planos, los cortes transversales, las panorámicas largas y las secuencias de batalla escenificadas. Las habilidades de Griffith como narrador y los buenos resultados que conseguía fueron alimentando su ego y su deseo de hacer películas cada vez más ambiciosas.

Sin embargo, muchas también fueron muy polémicas, sobre todo su obra maestra, El nacimiento de una nación. La película es una descripción ficticia de la Guerra Civil americana, pero realmente la narra a través de los prejuicios del público estadounidense de principios del siglo XX.

Entre los diversos temas de la película, llaman poderosamente la atención la representación de los esclavos afroamericanos como paganos violentos y del Ku Klux Klan como héroes salvadores. Aunque el tema de la esclavitud ya parecía superado en esos años, y esta película no fuera considerada entonces como cine y propaganda, hubo intentos de censurar algunas partes de la película, y mucha gente llega a sostener que su difusión contribuyó al surgimiento de una segunda generación del Ku Klux Klan en determinadas zonas de Estados Unidos.

El acorazado Potemkin (Battleship Potemkin. Sergei Eisenstein, 1925)

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Para muchos historiadores, la edad dorada del cine ruso tuvo lugar en las primeras décadas de la Unión Soviética. Las dificultades que tenían el régimen comunista para gobernar del modo que querían un territorio tan grande hicieron que buscaran apoyo en las nuevas técnicas de comunicación de masas, y una de ellas era el cine.

El estado soviético, ya desde los años de Lenin, apoyó a los mejores talentos del cine para que crearan un concepto de la realidad que les ayudara a convencer a la gente de las bondades del comunismo y las maldades del capitalismo.

Entre los directores más capacitados, y el más recordado todavía en la actualidad, se encuentra Sergei Eisenstein, autor de auténticas obras maestras del cine mudo, cuyas técnicas de montaje se siguen estudiando hoy en día en todas las escuelas de cine y de comunicación. Hubo otros, como Vsevolod Pudovkin o Aleksandr Dovzhenko, pero Eisensentein tiene tres obras que realmente destacan sobre las demás: La Huelga, Octubre y El acorazado Potemkin.

Esta última, además de justificar la sangrienta revolución rusa de 1917, resulta verdaderamente impactante incluso vista hoy, un siglo después de su grabación, por la potencia de sus imágenes y de su montaje. Algunas de sus escenas, de hecho, pueden considerarse de las más homenajeadas e imitadas de la historia del cine.

El triunfo de la voluntad (Triumph des Willens. Leni Riefenstahl, 1935)

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Una de las películas documentales más emblemáticas de la historia, El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl, ilustra eficazmente las características del Tercer Reich y del nacionalsocialismo. De hecho, obra paradigmática de la relación entre el cine y propaganda, la película sirvió como documental en el Congreso del Partido Nazi de 1934 en Nuremberg.

Los años 30 marcaron un cambio significativo en las actitudes políticas, sociales y culturales del pueblo alemán hacia su identidad nacional. El patriotismo murió al final de la Primera Guerra Mundial cuando la humillación del Tratado de Paz de Versalles en 1919 y los interminables fracasos de la República de Weimar a lo largo de la década siguiente continuaron paralizando la moral y el progreso de la nación. Parecía que la democracia ya no podía funcionar eficazmente en la Alemania de la posguerra y esto es lo que facilitó el ascenso al poder de Adolf Hitler.

La ideología nazi explotó la necesidad de cohesión y fuerza en la sociedad. Su enfoque directo y consistente para el control atrapó rápidamente al pueblo alemán, y en el corazón de esta ideología estaba el Führer. Por este motivo, la película de Riefenstahl explora múltiples personajes de Hitler; cada uno conectado a un tema patriótico específico, incluyendo la unidad alemana, el poder ilimitado, la perfección física y la espiritualidad.

El gran dictador (The Great Dictator. Charles Chaplin, 1940)

No todas las películas de propaganda sirven al orden establecido. A menudo hay momentos en los que una idea o una voz opuesta emerge con fuerza a través del cine. Hay películas como El gran dictador, de Charles Chaplin, que atacan a una persona, un grupo o unas ideas y lo hacen a través del humor, que no deja de ser otro elemento clave de la propaganda.

El gran dictador es una de las películas más importantes en la historia del cine. No sólo estableció el estándar para satirizar a los dictadores y déspotas en el mundo, sino que también marcó la primera vez que el público escuchaba hablar a la leyenda del cine mudo en la pantalla grande.

Después de ver El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl, Chaplin estudió la película con el fin de imitar de cerca los manierismos de Hitler. Pero primero tendría que superar la resistencia de los estudios de Hollywood, ya que muchos temían perder dinero al atacar directamente al estado alemán y perder cuota de pantalla allí.

La película apuntó a la naturaleza ridícula de los regímenes fascistas de Italia y Alemania, y condenó las políticas antisemitas del Partido Nazi. Tras su estreno, encontró el favor del público estadounidense y se convirtió en un éxito de crítica y de taquilla. Hitler y sus asesores, por supuesto, nunca le vieron la gracia, y el nombre de Chaplin terminó en la lista negra del dictador alemán.

Casablanca (Michael Curtiz, 1942)

A diferencia de lo que sucedió con El gran dictador, que fue concebida y grabada cuando la Segunda Guerra Mundial estaba comenzando y todo era un poco incógnita, dos años después, el papel de los Estados Unidos en la gran contienda comenzaba a estar más definido.

Ahora que la opinión pública estaba mucho más volcada, los estudios vieron una gran oportunidad en las causas políticas para hacer caja, con la excusa del patriotismo –probablemente algunos sí se lo creyeron, como los cinco que fueron al frente a grabar, de los cuales hablaremos en otra ocasión–. Y qué mejor que juntar a dos de las estrellas del momento, como Humphrey Bogart e Ingrid Bergman y ponerlas bajo las órdenes de un consagrado director de orígenes húngaros y ascendencia judía.

Casablanca es una de las mejores películas, y uno de los mejores guiones jamás escritos. En términos cinematográficos se podría decir que es una película prácticamente redonda, y también funcionó muy bien en taquilla, ya que la mayoría de la gente se tragó principalmente su trama romántica.

Pero Casablanca no es una película tan inocente y, aunque generalmente la veamos desde una perspectiva similar a la de los que la hicieron, tiene mucho tinte político en sus entrañas. Si se hubiera rodado diez o quince años después, como una película de época con unas circunstancias históricas que servían como excusa para la historia, sería distinto. Pero estrenada en 1942, no queda otro remedio que verla como un ejemplo muy válido de cine y propaganda hollywodiense durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb. Stanley Kubrick, 1964)

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Muchos consideran que Stanley Kubrick es uno de los directores más influyentes del siglo XX. Y no solo lo era en términos cinematográficos, que también, sino que era un completo genio en lo que se refiere a la capacidad de elegir sus temas y provocar una profunda reflexión en su público.

En esta película, Kubrick quería responder a esa situación tan extraña de la Guerra Fría, con un equilibrio en el que todos se mantenían quietos por miedo al de enfrente. Y sí, esto se refería directamente a la carrera nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética, y su paradójica creación de una situación pacífica entre ambas.

Después de la crisis de los misiles en Cuba en 1962, los temores generalizados por la supervivencia en una era nuclear inspiraron a Kubrick a centrar su sátira política en ese concepto de destrucción mutua asegurada. Probablemente, el objetivo del cineasta era disuadir a las potencias mundiales de instigar una guerra nuclear, de un modo más inocente que otra cosa, ya que pocos gobiernos pueden haber resultado tan difíciles de convencer o manipular que los de aquellos años.

Hoy en día, aunque todos seamos muy conscientes de la propaganda que había en este film, nos quedamos rendidos ante el espectacular trabajo que hace Peter Sellers, en lo que puede considerarse su culmen como actor.

Rocky IV (Sylvester Stallone, 1985)

Aunque muchas de las películas y documentales de propaganda parecen escenificar guerras o tramas muy políticas, las hay que atacan por otros frentes. Éste es el caso de Rocky que, de un modo muy oportunista por parte de su creador, Sylvester Stallone, abordó el conflicto de las dos grandes potencias de la Guerra Fría en clave pugilística.

La saga de Rocky había comenzado en los años setenta con un gran éxito y, aunque el tirón dio lo suficiente como para seguir haciendo más títulos, el personaje daba muestras de agotamiento ya en los ochenta. Tal vez por eso Stallone decidió abordar la rivalidad con la Unión Soviética presentando a uno de los malos más recordados del cine de los ochenta, Iván Drago.

Todos los que hemos visto esa película recientemente habremos visto con más humor que otra cosa todo ese culto a la bandera americana, la contraposición entre ambos boxeadores y tanto tópico ruso en el personaje antagonista que no cabía. Pero, aunque ahora parezca algo tremendamente exagerado, de aquella no funcionó mal del todo, por lo que muchos la recuerdan como ejemplo perfecto de cine y propaganda.

Rusos (Russkies. Rick Rosenthal, 1987)

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Los años 80 dieron para mucho más que las pelis de Stallone y Schwarzenegger. De hecho, para muchos de los que crecimos en esa década, hay unos cuantos títulos infantiles y juveniles que siguen provocándonos emoción y satisfacción cinéfila.

En ese estilo de cine juvenil medio cómico medio serio es en el que se puede encuadrar Rusos, cuya nota más llamativa para los cinéfilos más jóvenes es la aparición de un Joaquin Phoenix muy joven, y también de su hermana Summer.

La trama sobre un joven ruso que acaba en las playas de Florida y entabla relación con unos niños que viven allí y, al principio, le ven como el enemigo podía haber tenido mucho potencial, pero ni la fuerza de la Guerra Fría en su momento ni el amor por lo ochentero actual han conseguido que se la recuerde del todo. Casi mejor, porque eso de hacer cine y propaganda para un público tan joven nos parece poco honorable.

2 Comments

  1. Claudio Segovia dice:

    Faltan 2 para ser 10 películas.
    Y de paso, comparto una listita de películas que me gustaron mucho y que, sin ser de propaganda, tiene un mensaje político:
    * Reds, de Warren Beatty (1981)
    * The Boy with Green Hair (El niño con el pelo verde), de Joseph Losey (1948)
    * The Boy in the Striped Pyjamas (El niño con el pijama de rayas), de Mark Herman (2008)
    * Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola (1979)
    * Being There (Desde el jardín), de Hal Ashby (1981), también con el genial Peter Sellers.
    * Miss Sloane, de John Madden (2016), con un trabajo muy bueno de Jessica Chastain.
    * All the President’s Men (Todos los hombres del presidente), de Alan Pakula (1976).
    * Wag the dog (Mentiras que matan -pésima elección del título en español-), de David Mamet (1997), con Robert de Niro y Dustin Hoffman.
    * Underground, de Emir Kusturica (1995).

  2. Federico dice:

    Muy buen artículo. Agregaría Lifeboat de Alfred Hitchcock. Es una película muy bien llevada y de unas actuaciones que acompañan, tomando el hecho de que la película transcurre en un bote salvavidas. Creo que particularmente lo que sucede con el sobreviviente alemán, o mejor dicho como este es caracterizado; es por lo que puede ser considerada como propaganda.

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