circulo rojo
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Círculo rojo (Le cercle reuge) es una de las mejores películas del cine polar francés, ese subgénero del thriller policiaco que tan buenos títulos dio a mediados y finales del siglo pasado y que tan bien ha envejecido.

La dirigió Jean-Pierre Melville, al que también podemos considerar uno de los mejores cineastas galos de esa época, no solo por su talento, sino por su influencia en directores coetáneos y posteriores.

Y, entre sus protagonistas, nombres importantes como Yves Montand, André Bourvil y, sobre todo, Alain Delon; un trío magnífico que ayudó para que Círculo rojo se conformara como el gran título que es.

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Un pequeño resumen de Círculo rojo

Corey (Delon) es un delincuente que queda libre tras cinco años en la cárcel y acude a al piso de su antiguo socio, Rico, para robarle como venganza por su condena. A la vez, otro criminal llamado Vogel (Gian Maria Volontè), se escapa del tren en el que viajaba detenido junto al comisario Mattei (Bourvil).

Ambos coinciden horas después en un bosque y, después de superar obstáculos policiales y a unos sicarios de Rico, se alían para llevar a cabo un robo bastante complicado, que les retornará grandes beneficios. Para ello, contarán con la ayuda de Jansen (Montand), un viejo policía con grandes talentos para este tipo de trabajos.

Pero el robo no será fácil de llevar a cabo, ya que tienen que encontrar a un perista que les ayude a mover la mercancía robada. Esto no resulta nada fácil, y menos aún cuando el comisario Mattei empieza a mover sus hilos para presionar al que han contactado y, también, para extorsionar a un antiguo confidente, Santi (François Périer), que es el dueño de un bar de moda al que suelen acudir muchos de los malhechores de la ciudad.

Círculo rojo. La segunda de la trilogía del samurái

De las cuatro últimas películas que pudo dirigir Jean-Pierre Melville antes de su fallecimiento, hay tres que conforman la llamada trilogía del samurái: El silencio de un hombre (Le samouraï, 1967), Círculo rojo (Le cercle reuge, 1970) y Crónica negra (Un flic, 1972).

Fueron una apuesta y propuesta de Melville que, en contraposición al cine negro tradicional –sobre todo aquel exportado desde Hollywood a todas las salas del mundo occidental–, quiso mostrar unos personajes, y sus obras, que no encajan con el concepto tradicional de bien, mal, bueno y malo.

De hecho, los cuatro personajes principales que tenemos en la acción de Círculo rojo se salen del paradigma hollywodiense. Los dos más relevantes, Corey y el comisario Mattei, sitúa al espectador en un conflicto que, sobre todo hace medio siglo, resultaba sorprendente y emocionante.

Corey, el delincuente, el ladrón, es más puro y noble que Mattei, al cual le corresponde la defensa del orden y la ley. El personaje encarnado por Bourvil hace uso de todo lo que está en su mano, supuestamente dentro de la legalidad, pero ni mucho menos dentro de la honestidad, para conseguir sus objetivos.

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En el caso de los otros dos, también personajes malos según el concepto del cine clásico norteamericano, siguen resultando más atractivos que Mattei. Con pequeños gestos, como el modo de compartir el tabaco o la mirada cómplice, sabemos que son gente coherente y de fiar, que no van a traicionar a sus compañeros, aunque se les suponga criminales y asesinos. En otras palabras, que dan más ganas de ir a tomarse un café con ellos que con el comisario, quien, a pesar de tener placa, no sabes si te la va a clavar.

Pero para que esto sea así, no solo hace falta un buen guion y un buen director. Hay que contar con buenos actores que sepan transmitir lo que la historia pide y que sepan conectar con la audiencia. Y Melville no se podía quejar de los que le acompañaban en Círculo rojo, la verdad.

El reparto de Círculo rojo

No hay película buena en la que parte o todo el reparto tenga su dosis de influencia. En el caso de Círculo rojo, se podría decir que Jean-Pierre Melville tuvo la suerte de contar con la crema de la interpretación masculina francesa de aquellos años.

Cada uno de los nombres que he ido poniendo encima de la mesa consigue plasmar una sensación precisa y eficaz del papel que manejan. Además, cada uno de ellos tiene su propio estilo definido. Son personajes muy diferentes entre sí y esto permite seguir la historia de un modo más fluido.

En el caso de Corey, Alain Delon nos ofrece un personaje frío, decidido, resuelto. Con un bigote que le da un aire más varonil y alejado del rostro bonito al que tenía acostumbrado a mucha parte del público, aquí no parece ni de lejos ese actor que en trabajos anteriores había mostrado mucha más expresividad y flexibilidad.

Algo similar sucede con el personaje de Vogel. Es un tipo más descarado y despiadado que Corey, pero también es capaz de demostrar fidelidad y coherencia. Llama la atención el gran resultado que consiguió Melville con Volontè, ya que tuvieron graves problemas durante el rodaje y el papel, en origen, estaba pensado y escrito para Jean-Paul Belmondo.

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Incluso Jansen, un personaje con un pasado un poco más complejo, se gana el cariño del espectador rápidamente, incluso traicionando todo aquello que, de un modo noble, había defendido. Y es que, como solía suceder con Montand, una mirada suya basta para caer bien.

Pero la clave para que estos tres anteriores funcionen es el contrapeso que nos regala un grande de la interpretación. Porque Bourvil, aquí donde lo vemos como un perfecto antagonista, era tan buen actor que en su carrera ejecutó roles de acción y drama como éste, pero también nos hizo disfrutar de la mano de Louis de Funès en fantásticas comedias. Es más, que su personaje resulte tan complicado de encajar para el espectador se debe mucho a su magnífica visión.

La dirección de Melville

Una de las claves de la belleza visual que emana de Círculo rojo es la perfección en la composición de sus planos. Todas las escenas, tanto las que se componen de planos estáticos como las contienen movimientos de cámara, resultan de una elegancia embriagadora, producto de un preciso cálculo a la hora de sugerir y mostrar.

Uno de los momentos más bonitos de la película sucede en la sala de billar, en la que la soledad de Corey se ve interrumpida durante su partida, pero se nos muestra de un modo tan original como eficaz, cuando aparece otro taco para golpear las bolas sin haber visto ni oído nada.

Otro ejemplo de la composición de los planos es el momento en el que Vogel sale del maletero del coche de Corey, que se encuentra un poco alejado y apoyado, mientras se enciende un cigarrillo. A continuación, los planos y contraplanos de ambos, frontales y honestos, como ellos mismos, que no ocultan nada y nos indican que van a ser personajes transparentes e iguales en condición.

El talento de Melville alcanza su cota máxima en Círculo rojo al ejecutar la escena del atraco sin un solo diálogo, pero manteniendo toda la tensión y emoción durante prácticamente media hora. Con otro estilo, puede recordar también al momento del robo en Rififi, de Jules Dassin.

Pero los momentos que, para mí, se llevan la palma en esta película son las maravillosas escenas en el bar, con las chicas bailando al son de la música, de un modo tan hipnotizante que uno desearía estar allí, y quedarse, y mirar y pensar en por qué esos sitios ya no existen. Es la magia de Melville que, de nuevo, nos lleva al lugar de la perdición, repleto de vicio y delincuencia, pero nos lo muestra como el paraíso.

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Todo esto, desde principio a fin, con una espectacular fotografía que, aunque no desprecia los colores más destacados en sus fondos, prima los tonos fríos para darnos esa sensación invernal y nocturna que, en realidad, es la que mejor acompaña a la historia y a cada uno de los personajes. Soledad, frialdad, inestabilidad…

Recepción y crítica de Círculo rojo

La crítica se mostró bastante positiva, en términos generales, con Círculo rojo. Si bien hubo alguna voz que destacaba alguna incoherencia en el guion, el conjunto de la obra con su excelente ritmo y su belleza visual al frente, agradó a la mayoría de los críticos de su época.

Lo mismo se puede decir en la actualidad, cuyas revisiones han vuelto a conseguir impresiones positivas, incluso en las versiones recortadas que llegan a durar casi 50 minutos menos.

El público también acudió masivamente a verla, con cifras que llegan a hablar de cinco millones de espectadores solo en las salas y que la sitúan en quinto lugar entre las más taquilleras de Francia en 1970. Como curiosidad, decir que la más taquillera fue la sexta entrega de la saga del gendarme Cruchot, encarnado por Louis de Funès, y la segunda fue Le mur de l’Atlantique, una película cómico-bélica de Marcel Camus protagonizada, precisamente, por Bourvil.

El aprecio que Círculo rojo ha conseguido obtener de otros grandes directores también resulta llamativo. Entre los que han declarado públicamente su admiración por ella, se encuentran el finlandés Aki Kaurismäki o en hongkonés John Woo.

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Otras películas similares a Círculo rojo

Como suele suceder, cuando uno ve una película que le gusta, suele buscar títulos semejantes. Si es tu caso, voy a tratar de ayudarte yendo, directamente, a las otras dos de la trilogía del samurái, que ya cité al comienzo del texto.

También puedes interesarte por el resto de la filmografía de Jean-Pierre Melville, que tiene títulos tan brillantes como El confidente (Le doulos, 1963), Hasta el último aliento (Le deuxieme soufflé, 1966) o Bob, el jugador (Bob le flambeur, 1956).

Y, por último, si te ha gustado este texto, te animo a que comentes, compartas y, por supuesto, a que me sigas en mi cuenta de Twitter.

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