de espaldas a la pared

De espaldas a la pared

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Hay ocasiones en las que uno se encuentra con películas que jamás habría pensado que existieran y lo agradece. Es el caso de De espaldas a la pared (Le dos au mur), una película francesa poco conocida, pero con muchísimas cosas interesantes.

Fueron unos años dorados para el cine francés, por lo que no es de extrañar que De espaldas a la pared no cotice demasiado. Pero, como ya hice en anteriores ocasiones, trataré de escribir esta reseña con el ánimo de ayudar a otras personas a descubrirla y disfrutarla.

Sinopsis de De espaldas a la pared

El industrial Jacques Decrey (Gérard Oury) entra en el apartamento de un hombre más joven, el cual yace muerto allí. Decrey recoge su cadáver y se lo lleva a su fábrica, para hacerlo desaparecer en un muro que se está levantando allí. Pero, ¿qué ha llevado a Decret a actuar así?

La mujer de Decrey, Gloria (Jeanne Moreau), una mujer atractiva y ambiciosa, llevaba tiempo engañando a su marido. Esto le hizo un daño terrible al industrial, al que no le quedó otro remedio que vengarse, de un modo muy maquiavélico, pero también imprevisible en sus consecuencias.

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La ópera prima de Edouard Molinaro

De espaldas a la pared es la primera película dirigida por Edouard Molinaro y, para los que conozcan ligeramente a este director francés, puede resultar sorprendente, por varias razones.

La primera es que Molinaro hizo fama principalmente por dirigir unas cuantas comedias de las de taquilla fácil y olvido más fácil aún. Yo no me quejo, porque estuvo detrás de las cámaras en alguna película de Louis de Funès, al cual adoro, y también en otras comedias muy famosas de la pantalla francesa en los 60 y 70.

El hecho de que De espaldas a la pared sea una película que se encuadra en el cine negro y el cine de venganza lo aleja mucho de esos registros humorísticos de las décadas posteriores, hasta su muerte. Pero no es una excepción en su filmografía. Hubo alguna otra, como las desconocidas Des femmes disparaissent (1959), La mort de belle (1961) o Los enemigos (Les enemmis, 1962), cercanas al thriller más puro, y también la magnífica Sólo un testigo (Un témoin dans la ville, 1959), con Lino Ventura como protagonista.

El especial reparto de De espaldas a la pared

Lo bonito y, además, único, de De espaldas a la pared es su particular reparto. Particular porque cuenta con un actor como Gérard Oury que se dirigió hacia otros destinos cinematográficos, a pesar del gran talento que demuestra aquí. Curiosamente, como director, también es artífice de alguna de las comedias más populares de esas décadas en Francia, con Louis de Funès o Bourvil presentes por ahí.

También se agradece ver a una Jeanne Moreau que todavía no ha despuntado. No es la Moreau que arrasa en los 60, pero sí que demuestra ese talento único para hacer de mujer fatal, que aparenta ingenuidad y ejerce malicia.

Entre ambos dos se puede decir que construyen, más por separado que químicamente, la película en el sentido interpretativo. Sin resta mérito al resto del reparto, que, como es natural, no tiene nada que hacer con respecto a esta pareja de titanes.

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Una película muy peculiar

Si hay algo que caracteriza a De espaldas a la pared y la convierte en una película única, casi inolvidable para los que la vean solo una vez, es su estructura. La primera secuencia, tan impactante como magnética, no se corresponde ni mucho menos al comienzo cronológico de la historia.

De hecho, al ver esta secuencia, la sensación que tenemos es la de que estamos ante el final de una historia, algo chocante y más aún al tratar de una película de los años 50. Pero funciona, consigue lo que se propone, porque despierta toda la curiosidad del mundo.

Es una escena en la que se ve una ligera acción y una gran dosis de misterio. Llama la atención que la parte inicial, del trayecto en coche, se aproveche para la presentación de los créditos. Pero más todavía, y es una sensación genial, el modo en el que Molinaro rehúye los diálogos o la música cuando la cámara se centra en la acción principal.

Es así durante unos 13 minutos, en los que nos vemos abocados a sufrir en silencio todo eso que vamos viendo en pantalla, sintiéndonos cómplices, intentando no hacer ruido, porque algo hay en el señor Decret que nos gusta y que nos convence. En esto el mérito es del propio Oury, al que nos habría gustado mucho tener más veces delante de la cámara. Pero el destino lo llevó más cerca de la dirección que la actuación…

Después de esta secuencia tan interesante, en la que solo aparece la música en la parte final, el recurso de la voz en off, de parte del mismo protagonista, y para ir explicando todo lo que ha motivado que haga lo que hace.

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De espaldas a la pared: influencias y referencias

Una secuencia elaborada, de trabajos precisos y no precisamente legales, pero sobre todo tratada a partir de las imágenes y del sonido generado en lo que durante las escenas acontece, nos recuerda indefectiblemente a una película ligeramente anterior: Rififi, de Jules Dassin.

Pero la voz en off tan pausada y característica también me recuerda indefectiblemente a esa obra maestra de Robert Bresson: Un condenado a muerte se ha escapado. Tampoco descartaría, por este motivo y por algún otro, que Allen Baron se hubiera visto influenciado para su magnánima Blast of Silence.

Sin duda, De espaldas a la pared encaja a la perfección en ese cine que se atreve y propone aspectos un poco distintos del cine negro clásico de Hollywood. Tanto en lo que se refiere a películas que se rodaron previamente como a todo lo que vino después, que acabó desembocando en el cine polar de Melville, sobre todo.

Y es que, a pesar de no ser una película muy conocida, el nivel de De espaldas a la pared es muy alto. Incluso podría asemejarse a algunas de las películas que a Hitchcock le habría gustado filmar, como fue el caso de Las diabólicas, o incluso a películas que van más allá del noir clásico, por los grandes giros que hay en su trama, que no dejan de sorprender hasta el mismo final.

Por poner un punto final, solo me resta decir que De espaldas a la pared me ha gustado tanto o más que otras películas francesas coetáneas que son más conocidas. Es una especie de joya por descubrir, sobre todo para los amantes del cine negro que, por suerte, cuentan con decenas de películas por descubrir mucho más allá de lo que podamos imaginar los que avanzamos un poco más allá de las famosas e imprescindibles.

Si has visto De espaldas a la pared y quieres dejarme tu opinión, me encantará leerte en los comentarios de este artículo o en mi cuenta de twitter.

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