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Escribir sobre Depredador (Predator) es escribir sobre una de las películas más representativas e impactantes del cine de acción de los ochenta. También es revivir un montón de recuerdos y sensaciones que ya no se tienen del mismo modo. Y no lo digo por haber disfrutado de Depredador al poco de su estreno y con una edad más bien joven, sino porque el cine de acción del que Depredador es un gran exponente ya no existe. No, no es que ya no se estile o no guste. Es que, simplemente, no se puede hacer.

Esto es lo que voy a tratar de explicar en la reseña. Pero no es que vaya a ponerme a enumerar todas las cosas que ya no se ven en el cine equivalente actual. Es que, simplemente, voy a ir relatando las características que hacen que Depredador me parezca una película todavía mejor de lo que me pareció en su momento. Porque, cuando una película sigue impresionando positivamente más de treinta años después de su estreno y con unos cuantos visionados a las espaldas, es porque tiene algo que la gran mayoría no tiene.

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¿De qué va Depredador?

La historia de Depredador comienza cuando un grupo de mercenarios es contratado por el gobierno norteamericano para cumplir una misión de rescate en la selva de Centroamérica.

Pero, tras cumplir con éxito esta misión, una serie de ataques de origen desconocido comienzan a terminar con la vida de cada uno de estos mercenarios. El atacante, para sorpresa de propios y extraños, no es otro que un ser alienígena con una tecnología y una fuerza superiores, lo que supone un reto para los que quieran sobrevivir.

Los antecedentes de Depredador en el cine de acción

El cine de los ochenta nos dio unos cuantos héroes de acción. Se podrían decir bastantes nombres, como Chuck Norris, Kurt Russell, Jean-Claude Van Damme o Steven Seagal, por poner unos ejemplos muy conocidos. Pero hay dos actores que consiguieron destacar por encima de todos los demás: Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger.

El primero, desde su primer gran Rocky, de la cual consiguió sacar una genial saga adorada por muchos cinéfilos, hasta las más salvajes y bélicas entregas de su Rambo, empezando por la gran Acorralado.

De Schwarzenegger, solo se puede decir que, a estas alturas, era una estrella tan grande o más aún que Stallone. El primer gran éxito le había llegado encarnando a Conan, el bárbaro, pero había sabido continuar con gran acierto gracias a Terminator o Commando, por citar solo dos tremendamente conocidas e imprescindibles para entender el cine de acción de los ochenta.

Con las películas de ambos parecía suceder una cosa que, poco a poco, se estaba convirtiendo en la comidilla de Hollywood. Sus personajes eran tipos muy fuertes y poderosos, que se enfrentaban a rivales cada vez más complicados. Esto era normal, nadie quería volver a una sala de cine para ver algo igual o inferior en términos de emoción o incertidumbre.

Y así fue como llegamos, en 1985, a Rocky IV, en el que el personaje de Stallone se enfrenta al duro púgil soviético Ivan Drago, que parece más una máquina de matar que un ser humano, y al que consigue derrotar tras un combate vertiginoso. Esto ponía el listón tan alto que comenzó a correr el chiste de que el siguiente rival tendría que llegar de otro planeta.

Pero, a pesar de que este chiste fuera un detonante importante en la idea de Depredador, hay que decir que dos grandes influencias coetáneas para esta película fueron Rambo: Acorralado parte II (George P. Cosmatos, 1985) y Aliens: el regreso (Aliens. James Cameron, 1986).

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La primera versión de Depredador

Los hermanos Jim y John Thomas vieron en este chiste la posibilidad de crear un guion que pudiera resultar interesante, sobre todo si podían contar con el apoyo de alguna de las grandes estrellas del momento.

Su primera versión se tituló Hunter, y contaba la existencia de una raza de extraterrestres que se dedicaban a cazar a las especies más peligrosas en el universo. Esto, por supuesto, los llevaría a cazar a los seres humanos y, concretamente, al más peligroso de todos, un soldado de combate.

No es difícil imaginarse la evolución que tuvo esa primera idea hasta llegar a lo que pudimos ver en pantalla. Pero, para ello, el guion –y el proyecto entero– tuvo que pasar por las manos de uno de los productores más hábiles del momento: Joel Silver.

Este ya había estado encargado de la ejecución de Commando, un gran éxito de Schwarzenegger de un par de años antes, y vio la oportunidad de transformar un guion de simple ciencia ficción en una gran producción de puro cine de acción.

El cine y los héroes de acción de los ochenta

Si hay algo en lo que el cine de acción de los ochenta se diferencia del cine de acción actual es el tono que consiguen plasmar. Y me refiero a que da la sensación de que el cine de antaño buscaba una mayor complicidad con el espectador, con una clara intención de entretenimiento que no disimulaba ni un ápice.

A pesar de que hubiera un montaje dinámico y una realización bastante agresiva, las películas de acción de los ochenta no resultan tan frenéticas como las actuales. Pero, sobre todo, era frecuente que intercalaran pequeños detalles o momentos más distendidos, de humor, algo que realmente escasea en las cintas de acción más modernas.

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El toque Shane Black

Aquí no me queda más remedio que hacer un pequeño inciso a la figura de este gran actor, director y, sobre todo, guionista. Porque su personaje, el de Hawkins, es artífice de algunos de esos momentos que, para alguien que solo se ha criado cinéfilamente en la última década, podrían resultar fuera de lugar. Pero, para los que mamamos el cine ochentero prácticamente a la vez que nos iniciábamos en la Nocilla, resultan tan naturales como las cintas VHS.

Pero este mismo Shane Black –que hasta el nombre me mola por su aroma ochentero– es también el artífice de otras joyas del cine de acción de los ochenta, con esos toques de humor y complicidad incluidos. Hablamos de guiones tan exitosos y recordados como los de la saga de Arma letal (Lethal Weapon. Richard Donner, 1987), Una pandilla alucinante (The Monster Squad. Fred Dekker, 1987), El ultimo Boy Scout (The Last Boy Scout. Tony Scott, 1991), El último gran héroe (Last Action Hero. John McTiernan, 1993).

Pero también es el responsable del guion y de la dirección de otras dos grandes películas más recientes que aún mantienen ligeramente ese espíritu tan característico del cine de acción ochentero: la magnífica Kiss Kiss Bang Bang (2005) y la exigente y exitosa Iron Man 3 (2013).

¿Qué más tiene Depredador?

Si alguien me pidiera que definiera Depredador con pocas palabras, podría ser algo así como: Schwarzenegger, músculos, selva, disparos, enemigo imbatible. Pero una descripción así, casi estética, se quedaría muy corta. Porque aquí también estamos ante diversión, entretenimiento, acción, emoción y ausencia de complejos.

Con la excepción de la discreta Nómadas (Nomades. 1986), aquí estamos ante la primera película dirigida por John McTiernan y aquí ya empieza a dar señales de su tremenda maestría a la hora de conseguir unos resultados brillantes con un guion que, en manos de otro director, podría haber quedado en serie B.

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Que no tiene nada de malo quedarse en serie B, claro, y hay muchas películas muy entretenidas y apreciables que se suelen encasillar en la segunda letra. Pero es que Depredador es una pedazo película de principio a fin.

El descaro y la naturalidad con el que nos presenta tempranamente al protagonista, Dutch, a través de ese enfrentamiento muscular con su amigo Dillon, bíceps aceitados mediante, es algo que hoy resultaría paródico. Pero no. Aquí funciona y, además, se convierte en una enseña imprescindible de esta película y del género al que representa.

Esto es solo un pequeño detalle, que puede ir seguido de muchos más y que no hago, más que por pereza, por no ir minutando la película. Eso sí, insisto, la maestría con la que van sucediendo escenas, diálogos y puntos de giro es algo que, de no haber sido dirigido por John McTiernan, parecería una correlación de tópicos prácticamente salido de un film de parodia como los que se fueron estilando en los primeros 2000.

También hay que destacar que Depredador cuenta con uno de los mejores malos en la historia del cine de acción. Es tan poderoso que, incluso sabiéndonos del lado de Schwarzenegger, nos sentimos totalmente indefensos. Es fuerte, es ágil, tiene unas mandíbulas acojonantes y, además, hace uso de una visión térmica que nos fascina y nos deja irremediablemente expuestos. ¿Qué más se le puede pedir a un malo?

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El reparto, masculino, macho, musculoso de Depredador

En los ochenta, no le íbamos a pedir a una película de Arnold Schwarzenegger que no tuviera músculos, ¿verdad? Se lo pedíamos tanto que, para esta ocasión, el bueno de Arnie adelgazó más de diez kilos, para acentuar más aún su fibra muscular.

Pero Depredador era una película de muchos machos, muchos músculos, y por ello también contó con la gran colaboración de actores que pasaban largas horas en el gimnasio, como Carl Weathers, que venía, precisamente, de culminar su papel de Apollo Creed en Rocky IV, Jesse Ventura, muy conocido por sus apariciones en combates de lucha libre en los años noventa, o Bill Duke, otro clásico del cine de acción que también había aparecido en Commando.

La nota femenina, en este caso, recayó en la mejicana Elpidia Carrillo, a la que se recuerda fugazmente en la segunda entrega de Depredador, y la nota desaparecida, Jean-Claude Van Damme, que comenzó interpretando al depredador alienígena y terminó despedido entre quejas por su parte debido a la incomodidad del traje y quejas por parte de los demás, por la altanería de la que hacía gala, a pesar de no ser todavía la estrella que luego se confirmó.

Altanería es lo que no tenía, precisamente, Kevin Peter Hall, que, por otro lado, era realmente alto, y que fue el encargado de interpretar al depredador con un traje reajustado a su talla. Seguramente es algo que pase desapercibido, pero que nos vemos en la obligación de destacar: el modo en que interpreta y ejecuta los ágiles y poderosos movimientos del alienígena resulta algo asombroso, sobre todo para una persona que superaba los dos metros de altura y que cargaba con un traje de muchos kilos de peso. El reconocimiento se lo dio el mismo McTiernan, regalándole una aparición en la última escena como uno de los tripulantes del helicóptero final.

Recepción y crítica de Depredador

Depredador es el caso típico de desencuentro entre la crítica especializada y el público. La primera, sobre todo al principio, atacó la producción al considerarla un conjunto de acción, ciencia ficción y terror, aderezadas con músculos. El grueso de las críticas se cebaba con el guion, al que consideraban plano y previsible, sin nada nuevo que ofrecer.

También hubo algunas plumas más favorables, como la del famoso Roger Ebert, que sí vio aspectos más favorables en Depredador, como el excelente ritmo que impone y la eficacia de unos personajes y una trama simples, pero bien definidos. También destacó, al igual que la revista Hollywood Reporter, la gran calidad de los efectos especiales. Aquí, tenemos que hacer un paréntesis y decir que, no solo fue calidad, sino que la ejecución de la visión térmica del depredador supuso un acierto total y un aspecto que ha quedado como marca de la película.

En lo que respecta a la taquilla, Depredador obtuvo grandes números ya en el primer fin de semana, con el que prácticamente cubrió los 15 millones de dólares que había costado. Al final de sus exhibiciones en la gran pantalla, la recaudación casi alcanzó los 100 millones, situándola como una de las películas más taquilleras del año.

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El fenómeno que supuso, no solo económico, sino social y cinematográfico, provocó que, tres años después, se produjera una segunda parte. Lamentablemente, Schwarzenegger y McTiernan no participaron en ella, recayendo el protagonismo en Danny Glover, que estuvo acompañado por otros nombres conocidos como Rubén Blades, Bill Paxton y María Conchita Alonso.

Todavía hoy en día sigue vigente este fenómeno. Tanto es así que han sido varias las películas que, siguiendo la estela de Depredador, han salido en los últimos años. Ninguna de ellas ha podido llegar a la altura de la original o de la misma secuela. Pero, aunque sea por curiosidad, queremos nombrar a la más reciente, Predator (2018), que fue escrita y dirigida por el mismo Shane Black.

Termino diciendo algo que ya todos estaréis adivinando: considero que Depredador no es solo una gran película de acción. Es todo un referente del cine más popular y carismático de los años ochenta y, como suele suceder en contadas ocasiones, todavía se mantiene fresca y eficaz más de tres décadas después de su estreno.

Yo echo de menos que se hagan películas así actualmente, por lo que suelo recurrir periódicamente a ellas, un poco por nostalgia y otro poco por placer. Y tú, ¿qué piensas de Depredador? ¿Te gusta este tipo de cine tan ochentero? Espero tus comentarios aquí debajo o en mi cuenta de Twitter.

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