Desengaño

Desengaño (Dodsworth)

Desengaño

William Wyler es uno de esos directores que, a pesar de tener una filmografía riquísima, no es muy reconocido. Es cierto que algunos de sus clásicos más potentes sí permanecen en el recuerdo, pero hay otras películas suyas que están quedando en el olvido injustamente. Una de ellas es Desengaño (Dodsworth, 1936), de la que hoy quiero hablar aquí y reivindicar sus aspectos más interesantes.

Sinopsis de Desengaño

Sam Dodsworth (Walter Huston) es un industrial que, tras la boda de su hija, decide vender su empresa y dedicarle más tiempo a su mujer y a sus aficiones. Emprende un viaje por Europa con su mujer, Fran (Ruth Chatterton), pero ésta parece estar más interesada en divertirse a solas y con otros amigos, hasta que acaba siéndole infiel a su marido.

Visto así, parece que Desengaño es un auténtico dramón, en el que las relaciones entre los protagonistas se vuelven tormentosas y el clima torna incómodo según avanza la historia. Por fortuna, Wyler sabe conducir este conflicto de un modo en el que al espectador no le sobrepasen las emociones, sobre todo cuando parece evidente que la razón va cayendo sobre una de las dos partes.

No es éste el lugar de hacer un análisis sociológico de cómo eran los matrimonios hace casi un siglo, ni de cómo ha cambiado la sociedad. Pero sí que puede sorprender la libertad de pensamiento y actuación de la que hace gala la señora Dodsworth, algo que se antojaba muy moderno o, simplemente, exclusivo de la clase adinerada. Su modo de pensar, hoy en día, no resulta extraño a nadie, pero sí que choca ver algo así en la pantalla de los años 30.

Desengaño

La clase de los personajes

Si hay algo que pueda llamar la atención a la hora de ir conociendo a los personajes, es su sobriedad y su elegancia. Todos ellos se introducen con un saber estar muy admirable, muy elegante incluso cuando hay algún posible malentendido. Inconscientemente, esto nos hace bajar la guardia, sobre todo en lo que se refiere a la señora Dodsworth, gran detonante de la historia.

Ella es la que parece mesurada y elegante en un principio, pero también es la que luego gira, de un modo coherente y progresivo, hasta convertirse en esa mujer atada a los caprichos e impulsos, para acabar siendo un epítome del egoísmo.

En lo que respecta a su marido, es un personaje que al principio parece muy dócil ante ella, incluso algo calzonazos. De no ser porque también se nos muestra como un empresario muy exitoso, y para eso hace falta algo de carácter, no habríamos podido comprender que lo que en realidad le pasa es que está completamente enamorado de su mujer.

Tan enamorado que va soportando los feos detalles que su esposa tiene con él, sin importarle que ella prefiera viajar sola con el simple pretexto de que es algo que se merece, por ser más joven que él.

Dodsworth se define como paleto a sí mismo, a pesar de que su comportamiento muestra algo distinto, y su arco de transformación tarda más en arrancar, pero solo lo justo como para tenernos en ascuas y disfrutar de su giro.

Desengaño, una isla de sobriedad

Los años 30 en Norteamérica fueron unos años en los que el público buscaba esperanza, buscaba motivos para resistir y se refugiaba en el nuevo entretenimiento masivo: el cine. Tras la enorme crisis del 29, que ponía fin a una época feliz que todos imaginamos con chicas bailando el charlestón, la nueva década abría una era diferente en el cine, con la llegada del sonido, y esto era un mundo lleno de posibilidades.

Por supuesto, los grandes estudios aprovecharon esto para proyectar cientos de películas espectaculares, entretenidas y agradables de ver. Son años en los que las comedias alcanzan puntos altísimos y en los que también se empieza a asentar la idea de que el cine es una industria que puede resultar muy rentable para grandes inversiones y producciones.

En este escenario, había huecos aislados para presentar películas más sobrias, más profundas, como Desengaño. Porque ésta es una historia que tiene más lecturas que la propia relación de los Dodsworth. Y es que, por un lado, la muestra de esa vida tan llena de lujos y diversión en un país de oportunidades era un halo de esperanza.

Pero, también, una dura crítica a la superficialidad de ese lado de la alta burguesía que no conocía los esfuerzos necesarios para llegar ahí y tampoco admite los sacrificios que se han de hacer en determinados momentos de la vida.

Desengaño

Un reparto lleno de estrellas

Tal vez a muchos nos les suenen demasiado los nombres de Walter Huston, Mary Astor, David Niven, Paul Lukas, Ruth Chatterton o Gregory Gaye, que son los más presentes del plantel. Pero la verdad es que, si no eran actores ya consagrados, poco les faltaría.

Walter Huston fue nominado a los Oscar por este trabajo y, después de otras tres en total, se llevaría el premio grande en 1949. No tardó tanto Mary Astor, que se lo llevó en 1942. David Niven lo ganó en 1959, Paul Lukas en 1944 y Ruth Chatterton estuvo doblemente nominada en 1930, lo que hace que fuera el nombre más atractivo para el cartel de Desengaño.

Y un director que no tardaría en tocar el cielo

Desengaño es la primera gran película de William Wyler. Aunque ya tenía un buen puñado de títulos a sus espaldas, sobre todo cortometrajes, aquí es donde recibe su primera nominación como director.

En total, de sus doce comparecencias en la Academia, se llevo 3 estatuillas, por La señora Miniver, Los mejores años de nuestras vidas y Ben-Hur. Pero un rápido repaso a su filmografía nos deja ver que hay muchas otras joyas dignas de reconocimiento. Porque, de nuevo, Wyler parece estar olvidado por muchos y son pocos los que en realidad hayan llegado tan alto como él.

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Lo mejor de Desengaño

Sin duda, la mano de Wyler se nota en la planificación de las escenas y la composición de muchos cuadros. Parece que estamos ante una obra de teatro por la enorme presencia de interiores y de los movimientos de los actores tan coreografiados. Pero esto tiene siempre un sentido que ayuda a que la narración sea más fluida y que tenga sus puntos de emoción.

desengaño

Pero lo mejor de Desengaño es que el modo en el que evoluciona la historia y los personajes se hace tan natural que en ningún momento cae en la cursilería ni el exceso de drama. El terrible miedo a envejecer, que supera a Fran hasta el punto de acabar con su familia, se ve equilibrado gracias al miedo también entendible de Sam. Un equilibro que, en el cine, es muy difícil de lograr y que suele aportar mucha consistencia a la obra en general.

Como resumen final, podemos decir que Desengaño es una de esas películas que parten de una base muy buena para lograr conectar con el público sin necesidad de grandes artificios. Lo que no era fácil de prever es que estos temas que trata se hayan mantenido en el tiempo con tal vigencia, y esto le confiere aún si cabe más valor.

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