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Películas judiciales que disfrutarás enormemente

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Las películas judiciales han entrado, desde los comienzos del séptimo arte, en la categoría de clásicos. Y es que el cine siempre ha tenido muy presentes las historias de culpables e inocentes, consecuencias de conflictos no resueltos y causa de enfrentamientos por las buenas o por las malas. Para qué negarlo, ver ese tipo de desencuentros es algo muy atractivo porque, en la vida real, no solemos tener la oportunidad de hacerlo y, aunque así fuera, tampoco es agradable vivirlos en primera persona.

Pero también hay muchas películas en las que nuestros protagonistas resuelven los conflictos delante de un juez y con abogados a favor y en contra. Suelen ser otro tipo de películas, con una historia más pensada para la profundidad de los personajes y de los diálogos e, incluso, para los grandes giros en el guion.

Éstas, las películas judiciales, son las que nos emplazan hoy. Las ha habido, las hay y las seguirá habiendo, ya que constituyen un subgénero muy asentado y con muchos aficionados. Y aunque sean centenares los títulos que se puedan clasificar como películas judiciales, como sucede con todo, sólo algunas alcanzan la categoría de obras maestras.

Para todos los grandes aficionados, para los ya iniciados y para los que, simplemente, acaban de despertar una curiosidad cinéfila más que sana, aquí traemos una lista con diez películas judiciales que no decepcionarán a nadie.

Doce hombres sin piedad (Twelve Angry Men. Sidney Lumet. 1957)

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Sin grandes historias y guiones es imposible hacer una obra maestra. Y esta historia es tan buena que ha dado muchas versiones magistrales. Aquí, la más famosa, con Henry Fonda a la cabeza.

En su día no fue una película muy exitosa y, de hecho, su fracaso en taquilla privó a Fonda de cobrar el sueldo estipulado por su trabajo. Esto no evitó que el propio actor la reconociera posteriormente como una de las mejores películas en las que había participado, junto con Las uvas de la ira (John Ford, 1940) e Incidente en Ox-Bow (William Wellman, 1943). Sin duda, una de las películas judiciales imprescindibles para cualquier amante del género y del cine en general.

Testigo de cargo (Witness for the Prosecution. Billy Wilder. 1957)

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Una historia que salió de la mente de Agatha Christie y que Billy Wilder puso en imágenes con actores tan brillantes como Tyrone Power, Marlene Dietrich y Charles Laughton. El resultado fue tan brillante que la propia escritora británica declaró que, en aquel momento, ésta había sido la única película basada en sus escritos que le había gustado. Más tarde, también sucedería algo así con Asesinato en el Orient Express (Sidney Lumet. 1974)

Como dijimos al comienzo de este artículo, las películas judiciales son muy proclives a los giros del guion y a las sorpresas. Tanto influye esto en Testigo de cargo que, cuando se estrenó en las salas de cine americanas, se les pedía a los espectadores que firmaran una promesa de no desvelar el resultado final de la trama. En definitiva, una de esas películas que uno termina de ver, se levanta y aplaude.

Matar a un ruiseñor (To Kill a Mockingbird. Robert Mulligan. 1962)

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Gregory Peck consigue con este papel uno de los mejores personajes de la historia del cine. Atticus Finch es un hombre respetado en la ficción, y admirado por los espectadores. Pocas veces veremos a un personaje tan bien descrito e interpretado.

De hecho, la autora del texto original, Harper Lee, se emocionó al verlo actuar interpretando a su padre, en quien se basaba el personaje de Finch. Pero la maestría de Peck no solo se mostró de este modo, sino como cuando clavó en una única toma su monólogo de casi siete minutos o, en lo personal, al mantener una cercana amistad con los miembros del reparto durante el resto de su vida.

Como nota curiosa, y aunque no tiene ni una línea de diálogo, Matar a un ruiseñor fue el crédito oficial de debut de un actor tan prestigioso posteriormente como Robert Duvall.

En el nombre del padre (In the Name of the Father. Jim Sheridan. 1993)

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Con el conflicto irlandés de fondo y basada en hechos reales, esta película adquirió gran relevancia a principios de los noventa. Daniel Day-Lewis y Pete Postlethwaite están geniales, para variar, y el tema que toca estaba muy en boga por aquellos años.

Esto seguramente ayudó en su éxito y repercusión, pero también motivó enormes críticas por la libertad creativa que se había tomado Jim Sheridan. Tanto que incluso Gabriel Byrne, productor ejecutivo del filme, se distanció completamente del proyecto.

Vencedores o vencidos (Judgement at Nuremberg. Stanley Kramer. 1961)

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Los juicios de Nuremberg estaban relativamente recientes, pero esta película se atrevió y lo abordó con la sensatez y la valentía necesarias. Spencer Tracy, Burt Lancaster y Maximilian Schell lo dan todo en una historia que es toda una lección de eso: historia.

Y, aunque haya gente que también la encuadre en el género de las películas históricas, de las películas sobre la Segunda Guerra Mundial o, en consecuencia, de las películas bélicas, nosotros la ponemos en el podio de las películas judiciales. ¿Hay alguien que la haya visto y no la recomiende?

Anatomía de un asesinato (Anatomy of a Murder. Otto Preminger. 1959)

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Todo un clásico dentro del mundo de los dramas judiciales, que se expone incluso en facultades de derecho y otros estudios legales. De nuevo, tenemos a un gran actor, como James Stewart, haciendo un papel memorable, lo que le da un punto extra a la película.

Pero no solo él, ni la maravillosa Lee Remick, ni el excelente trabajo de Otto Preminger. Fueron siete nominaciones a los Oscar, cuatro a los Globos de oro y muchas otras más, que se quedaron en nada a pesar de que, actualmente, sigue estando considerada como todo un clásico de las películas judiciales y, probablemente, una de las mejores películas de la historia del cine.

La herencia del viento (Inherit the Wind. Stanley Kramer. 1960)

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Inspirada en hechos reales acontecidos unos cuantos años antes en Estados Unidos, esta película sobre la enseñanza de la teoría de la evolución darwiniana levantó ampollas cuando su estreno y, seguramente, hay sectores de la sociedad americana que seguirán protestando y pidiendo su censura. Pero nosotros nos quedamos con la grandeza cinematográfica que nos regala, gracias sobre todo a la profundidad de los personajes de Spencer Tracy, Fredrich March y Gene Kelly.

Como curiosidades, decir que fue el único largometraje en el que participó Dick York, famoso por su papel en la mítica serie Embrujada, y que también fue la primera película emitida en durante un vuelo transatlántico. ¿Qué sería ahora de un vuelo tan largo sin películas?

El sargento negro (Sergeant Rutledge. John Ford. 1960)

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A pesar de que no es una de las películas más reconocidas de John Ford, sigue manteniendo ese gran nivel que sólo los mejores directores brindan a sus espectadores. Aquí nos trae un consejo de guerra en el que el racismo se muestra como el asunto de trasfondo.

Los protagonistas, Jeffrey Hunter, Woody Strode, que fue un rostro habitual en algunas de las mejores películas de los 50 y 60, y Billie Burke, en el que fue su último trabajo actuando.

Veredicto final (The Verdict. Sidney Lumet. 1982)

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La historia de un abogado en decadencia interpretado por Paul Newman, y de su tenacidad a la hora de resolver un caso prácticamente olvidado que le ayude a sentirse de nuevo lo que es. Estuvo cerca de ganar varios Oscars, entre ellos a mejor película, mejor director y mejor actor.

A pesar de que esté pasando por una época en la que poca gente la recuerda o la ha visto, y a esto también ayuda su traducción tan ochentera, sigue siendo una de las mejores películas judiciales de las últimas décadas y muy recomendable para todos aquellos a los que les apasionen los juicios, los abogados y las historias de tenacidad.

Las dos caras de la verdad (Primal Fear. Gregory Hoblit. 1996)

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Richard Gere haciendo de abogado y los comienzos de Edward Norton en la actuación, como un joven acusado de asesinar al arzobispo de Chicago. Una trama sin demasiadas complicaciones y un papelazo de Norton aúpan a esta película como una de las referencias del género de películas judiciales en la década de los noventa.

Como curiosidad, decir que Norton le arrebató el papel a más de dos mil actores que compitieron con él en el casting, entre ellos algunos como Edward Furlong, luego compañero suyo en American History X, Matt Damon o James Mardsen.

¿Quieres más películas judiciales?

Aquí hemos puesto estas diez que son las más representativas y del gusto de este blog. Hay otras, también de muy alta calidad, como La ley del silencio (On the Waterfront), muy polémica en su día por la justificación de Elia Kazan en su caza de brujas. Con un tono más ligero, pero igualmente judicial, La costilla de Adán (Adam’s Rib), inteligentísima comedia romántica de George Cukor con Spencer Tracy y Katherine Hepburn.

Un poco menos conocida actualmente, pero claro ejemplo de película judicial europea, es Sección especial (Section spéciale), de Costa-Gravas y con guion de Jorge Semprún, que retrata los hechos sucedidos en 1941, durante la república de Vichy en Francia. Tampoco son tan conocidas, aunque es un país cada vez más presente en nuestras videotecas, las películas judiciales coreanas Silenced y The Attorney, bastante recientes y con guiones muy conseguidos, sobre todo la primera, basada también en hechos reales.

Otras películas judiciales que también dan buenos ratos vespertinos pueden ser Legítima defensa, Sleepers, El dilema, Algunos hombres buenos, Pactar con el diablo y, para que no digan que no discriminamos incluso a las más comerciales del mundo, Mentiroso compulsivo.

Ahora ya solo nos queda que vosotros nos digáis cuáles son vuestras películas judiciales favoritas. Estamos seguros de que hay muchas otras que merecen la pena enormemente.

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2 Comments

  1. Joaquim Parera dice:

    SUBJUDICE de Josep Maria Forn

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