club de la lucha fight club norton pitt
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El club de la lucha tiene muchas reglas. La primera de ellas es no hablar sobre el club de la lucha. Por lo tanto, creo que lo mejor es respetar dicha regla y no comentar nada. La segunda regla es que ningún miembro habla sobre el club de la lucha. Bueno, realmente yo no soy miembro, así que tal vez podría saltarme esta regla y decir que está protagonizada por Edward Norton, Brad Pitt y Helena Bonham Carter.

fight club el club de la lucha poster

Esperen, antes de seguir con las reglas, voy a aprovechar y añadir que está basada en una novela de Chuck Palahniuk y dirigida por David Fincher. Y también decir que sí, que es un peliculón, que es digna de culto, y que no dejaré de decir cosas de ella hasta que alguien diga “basta”, haga una señal o desfallezca. Insisto en esto último porque ésta es la tercera regla de el club de la lucha.

Disculpen, una cuestión de etiqueta antes de continuar: ¿prefieren que les ofrezca el culo o la bragueta? Más que nada, porque soy un tipo educado y, en general, me gusta preguntar. Pero si me piden que elija, prefiero ir de frente y decirles que el protagonista de la historia son dos. No. No son dos protagonistas. Son uno. Pero dos. Lo que pasa es que uno es el otro, y el otro es por el primero.

Bueno, en el fondo son el mismo. Ya saben, dos hombres y una sola pelea. No hay más hombres en cada pelea, sólo dos, el uno contra el otro. Y sólo una pelea cada vez. Sí, así es, aunque suene extraño, no hay más explicaciones. Son la cuarta y la quinta regla de el club de la lucha.

fight club el club de la luchaY lo del culo o la bragueta venía a cuento de que no hay que quitarse los pantalones, aunque sí hay que desprenderse de la camisa y de los zapatos. Así es como uno pelea aquí. Es la sexta regla. Todos a pecho descubierto y mostrando su lado interior, su intimidad, sus miedos y sus deseos.

Todas las paranoias que uno calza tienen que salir fuera, como los zapatos, y contárselas al compañero y llorar bajo sus pechos, sobre su hombro, o frente a sus puños. En eso consiste el club de la lucha: en desnudarse y descalzarse para sentirse más despierto, y en enfrentarse a todo a través de golpes físicos. Porque éstos tienen más esencia que cualquiera de las frustraciones sociales y psicológicas sobre las que lloramos día a día.

Y es mejor que se sientan despiertos, porque la vida es lo que va pasando cada minuto, y a cada minuto se acaba. Sí, cada minuto cuenta, porque cada uno de ellos es un combate de la pelea y, en el fondo, la pelea dura lo que tiene que durar. Porque el club de la lucha no deja de ser la vida, y hay que pelear durante lo que ésta dure.

Esto suena tan real y tan directo como un puñetazo, sí. Pero así es la vida también. Y ésta es la séptima regla de el club de la lucha.

Se me olvidaba preguntar: ¿Ésta es tu primera noche en el club de la lucha? Pues tienes que pelear, porque es la octava y última regla, y es obligatoria para todos. Si no, no puedes formar parte del club.

club de la lucha

Más allá de las reglas de El club de la lucha

El estreno de El club de la lucha supuso una gran repercusión mediática. Probablemente, más allá de las expectativas publicitarias, muchas traídas por el atractivo reparto, nadie se esperaba un golpe tan fuerte entre los críticos profesionales. No hubo unanimidad, algo que es entendible incluso hoy en día, cuando la película ya está bien digerida, aunque casi todos eran conscientes de que El club de la lucha era una película que iba a impactar bastante en el público general.

Algunas voces se mostraron contrarias a su propuesta, ya que consideraban que una película con tales de dosis de violencia, además de mostrarla de un modo atractivo, podía provocar un efecto de convocatoria o de imitación. En esto, hubo comparaciones con lo que sucedió en su día con La naranja mecánica (A Clockwork Orange. Stanley Kubrick, 1971).

De los críticos profesionales más relevantes, las críticas negativas fueron bastante contundentes, mientras que el público iba acudiendo en masa a ver una película divertida, llena de acción y con un planteamiento muy original. La consecuencia de esto ha sido que, pasados unos años, algunos de aquellos críticos hayan cambiado de opinión y el gran público, en términos generales, la tenga en muy alta estima.

Es cierto que El club de la lucha gusta más a los espectadores de una generación concreta, o que la pudieron ver en unos años comprendidos entre la adolescencia y la mediana edad. Esto se debe a que gran parte de la intención de Fincher en el retrato de sus personajes fue la de mostrar paradigmas y sentimientos predominantes en aquellos años 90.

Más de dos décadas después de aquel estreno y del fin de aquella década tan rica en muchos aspectos, El club de la lucha sigue permaneciendo como una obra de referencia, como una de las mejores películas de su generación y como un título a reivindicar ante aquellas voces que siguen denostándola por pretenciosa o tramposa.

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1 Comment

  1. jp dice:

    Somos la generación perdida, los zombies televisivos que babean y engullen todo aquello emitido por el tubo de rayos catódicos. Una legión de hombres y mujeres obsesionados por vigilar el fuego de la caverna sin preguntarse qué hay afuera.
    Pero de vez en cuando alguno se cuestiona: ¿es realmente esta la sociedad que quiero?, ¿realmente necesito tener el último teléfono de turno?, ¿el último corte de pelo?. Y si no muere apaleado por sus congéneres (ya que claramente es una amenaza) solo queda una cosa por hacer: fabricar jabón.

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