El quimerico inquilino
El quimerico inquilino

Nadie puede negar que la filmografía de Roman Polanski contiene títulos muy interesantes. Pero, además de las dos o tres realmente famosas, hay alguna otra que también merece mucho la pena. Un ejemplo es ésta, El quimérico inquilino (Le Locataire, 1976), en la que no solo dirige, sino que asume el papel protagonista.

Con lo del primer párrafo, no queremos decir que sea una película desconocida, ni mucho menos. Solo que su popularidad no está a la altura de otras películas de Polanski, como La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968) o El pianista (The Pianist, 2002). De todos modos, sí que es, o debería ser, una de las primeras opciones de aquellos que quieren profundizar en la carrera del director polaco.

Sobre todo, de los que quieren ver la evolución comprendida entre las películas que conforman su trilogía del apartamento, junto a Repulsión (Repulsion, 1965) y la anteriormente mencionada La semilla del diablo.

El quimerico inquilino

El argumento de El quimérico inquilino

No se puede decir que las películas de Roman Polanski sean, en general, las más sencillas de digerir. Además de que tampoco es el director más fiel a los géneros y a los estilos, en ocasiones busca experimentar y llevar al extremo los argumentos elegidos. En este caso, es el de una novela de Roland Topor que, ya de por sí, resulta bastante lúgubre y raruna.

Trelkovsky es un hombre que alquila un apartamento en el que la última inquilina se había tirado por la ventana. Esto, para cualquiera que se quiera poner en su pellejo, ya suena un poco tenebroso. Pero a él parece no importarle demasiado.

Los problemas comienzan cuando sus caseros y el resto de vecinos empiezan a protestar por su estilo de vida y por los ruidos que hace. A su vez, Trelkovsky comienza a adoptar otros hábitos y gustos que, en realidad, pertenecían a la anterior inquilina. Todo esto, como no podía ser de otra manera, hace mella en su carácter y termina por enloquecer, para acabar de convertirse, de un modo u otro, en aquella misma.

Los atractivos de El quimérico inquilino

El quimérico inquilino es, para mucha gente, una de las películas de culto de Roman Polanski. Tal vez sea porque es de las más extrañas de él, pero no podía ser una película de culto si no hubiera habido también algo de esa marginalidad. Porque no fue un gran éxito de taquilla y porque dividió a la crítica especializada en su momento.

Para mí, tiene cosas especiales. El guion –y la historia en general– me resulta muy atractivo, muy divertido y con un punto magnífico, gracias a ese final tan especial que contiene. Pero también la interpretación de Polanski, el cual siempre me ha parecido un actor muy resultón y que aquí se pone delante de su propia dirección por última vez en su carrera.

Además, el conjunto de la película en lo que se refiere a su ambientación, a su época, al decorado, al escenario: el edificio, el apartamento, los muebles… Todo ello, en su conjunto, no resulta accesorio, sino que ayuda a trasladarnos la sensación de inquietud desordenada que termina por invadir la mente del inquilino.

El quimerico inquilino

Ésta y las otras películas de Polanski

El quimérico inquilino es el cierre de la trilogía del apartamento de Polanski. Es verdad que es la más alejada en el tiempo y, también, la que menos éxito tuvo. Pero es interesante ver cómo, con las enormes diferencias que hay entre cada una de ellas, al polaco le encanta ubicar a su protagonista en un escenario tan habitual como un apartamento y, allí, descolocarlo del todo para que sufra los avatares más insospechados.

Vista hoy en día, y eso que han pasado ya varias décadas desde su estreno, sigue manteniendo esa vigorosidad y ese carisma puramente setentero. Se nota en muchas de las escenas, rodadas con menos complejos que en el cine actual y, también, en esa tranquilidad que, posteriormente y por temas que todos conocemos, Polanski ha perdido.

Esa espontaneidad, fiel reflejo de lo que la mente del director pretendía proyectar, tal vez sea de las características menos reconocidas y más eficaces para entender por qué El quimérico inquilino sigue funcionando hoy en día. Y me refiero a funcionar en el sentido de que, sin negar su edad ni su estilo, todo encaja y todo se muestra coherente.

El quimerico inquilino 9 1

Seguramente, habrá películas de Polanski mejores y las habrá que llegan a un público más amplio. Pero nadie podrá negar que ésta es una de las más personales y de las que mayor identidad propia tienen dentro de su filmografía.

En resumen, si Polanski os llama un mínimo la atención y la tenéis a mano o la encontráis en alguno de los canales y plataformas que suelen dedicarse a este tipo cine, no perdáis la oportunidad. El quimérico inquilino sigue siendo una película disfrutable y os puede dar más satisfacción que muchas películas actuales, vacías de contenido e intenciones.

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