el salario del miedo
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El salario del miedo (Le salaire de la peur) es una película francesa estrenada en 1953, dirigida por Henri-Georges Clouzot, y protagonizada por Yves Montand, Charles Vanel, Peter Van Eyck y Folco Lulli, principalmente.

el salario del miedo

Pero, más allá de estos simples datos, El salario del miedo es una de las películas más brillantes de su época, con una historia basada que trata sobre la desesperación y la lucha por la supervivencia de una manera que nos puede extrañar, por inusual en nuestro mundo habitual, y también sorprender, por lo bien que se desarrolla ante nuestros ojos.

http://youtu.be/KWY77rqoBoI

En un pueblo perdido de Venezuela, hay un montón de hombres buscando un pequeño trabajo que les traiga el pan diario, pero esto es prácticamente una tarea imposible. Sólo una compañía, la Southern Oil Company, ofrece la única esperanza que les queda. Y no es otra que un arriesgadísimo trabajo en el que tienen que transportar unas cargas de nitroglicerina a lo largo de un viaje de 300 kilómetros a través de montañas y cordilleras hasta su destino. Un viaje que no muchos parecen dispuestos a hacer, sino fuera porque el salario merece mucho la pena, sobre todo para las condiciones que están sufriendo.

Son cuatro los elegidos, cuatro luchadores y buscavidas que, como si una metáfora de su vida fuera, recorren un tortuoso camino lleno de peligros, baches, curvas y dificultades con tal de conseguir un dinero que les permitirá dar un paso adelante.

el salario del miedo

Clouzot se centra en el desarrollo de los personajes, evitando cualquier atisbo de sentimentalismo, lo cual ayuda en la digestión de una película tan tensa y tan cruda. Pero ojo, que esto no quiere decir que sea dura de ver, sino emocionante y disfrutable. Estamos ante una de las primeras road movie, y ojalá que muchas consiguieran tocar al espectador de la misma manera, huyendo de melancolías y nostalgias y haciéndonos inclinar en las curvas como si ser espectador significara estar sentado en el asiento del copiloto.

Fue una de las películas más exitosas de sus años en Francia y también entre la crítica especializada en el resto del mundo. Y también hoy en día se sigue analizando y estudiando de manera muy positiva. El salario del miedo es una de esas películas que, por alguna extraña razón, envejece pero gusta más. Salió tan redonda que parece difícil de superar, y eso que a finales de los setenta, un tal William Friedkin lo intentó con el remake Carga maldita. Pero no pudo.

el salario del miedo

En conclusión, El salario del miedo es una de las películas que tienes que ver sí o sí. Aunque no seas un fanático del cine, aunque no quieras especializarte en tertulias y conversaciones culturetas. Simplemente, con que te guste el cine de acción, emocionante y bien hecho, podrás apreciar lo que es esta película.

3 Comments

  1. Luis Betrán dice:

    HENRI-GEORGES CLOUZOT

    Nacido en Niort, el 20 de noviembre de 1907. Estudiante de matemáticas y derecho, su miopía le obliga a renunciar al ingreso en la Escuela Naval de Brest. Tentado un momento por la carrera diplomática, en 1928 decide dedicarse al periodismo. Colaborador de Paris-Midi se convierte en secretario particular del cantante René Dorin y compone canciones y sketches para el music-hall. Guionista anónimo en 1930, trabaja en Berlín como ayudante de Anatole Litvak y al año siguiente de Viacheslav Turjanski y Jacques de Baroncceli en Paris. En 1932 monta la opereta “La Belle histoire”. Un año después, una grave enfermedad le obliga a retirarse a un sanatorio de la Alta Saboya, en donde permanece hasta 1937. Adaptador para Pierre Fresnay, escritor radiofónico, en 1940 estrena una pieza de un acto: “On prend les mêmes” en el Grand Guignol. (Clouzot, por José Luis Guarner).

    Su participación como guionista en “Le dernier des six” (1941, Georges Lacombe y “Les inconnus dans la maison” (Henri Decoin, 1942) le vale cierto prestigio (1). En 1942 estrena “Comedie en trois actes” en el Theâtre de la Michodiére, e ingresa en la Continental alemana. Su primera película como director, “El asesino vive en el 21” (L’assassin habite au 21), adaptación de una novela policíaca de S.A Steemann revela su personalidad y sus gustos por los ambientes sórdidos y opresivos. Es un excelente comienzo de una breve filmografía que continuará con la magistral “Le corbeau” (1943), estudio descarnado de una pequeña ciudad de provincias aterrada por unos anónimos. Rodada durante la ocupación alemana permanece como una de sus obras más significativas y marca la pauta de su estilo y actividad posteriores (2).

    En 1944 “Le corbeau”, en los albores del final de la guerra, es prohibido por la censura militar y el cineasta sufre una depuración absurda que ordena alejarle de por vida de la profesión cinematográfica. La sentencia se suspenderá, afortunadamente, en 1947.

    Ese año rueda “En legítima defensa” (Quai des Orfevres), sobre una novela de Simenon y admirable exploración del universo turbio, inquietante y que tan bien conocía del “music hall” francés, a través de una encuesta policíaca. “Manon” (1948) es para mi la gran obra maestra de Clouzot y una de los indiscutibles clásicos del cine francés. Se trata de una actualización de la novela del abate Prevost, tan audaz como perversa. Film inquietante y sublime en su malevolencia que causó un gran escándalo en el Festival de Venecia de 1949 (entonces el primer festival del mundo del cine era Venecia y no Cannes, privilegio que detentaría casi dos décadas). Esta obra contiene ya la suciedad, el hedor y las falsas apariencias e identidades complejas aunque apasionadas que caracterizarán al Clouzot de sus grandes éxitos. Nunca Manon Lescaut fue tan golfa ni Des Grieux tan imbécil. Superior en todos los aspectos a “Le corbeau”. Algo que fue reconocido, con no pocos abucheos, por el jurado del Festival veneciano que la coronó con el León de Oro. H.G. Clouzot se confirma en tanto que heredero del dispéptico, corrosivo y genial Eric Von Stroheim. Al igual que ese extraordinario (tremendamente adelantado a su tiempo) maestro del cine silente, el cineasta galo parece obsesionado por un mundo sofocante en el que la única belleza es la fealdad moral y física.

    Despues de un vodevil curiosamente glacial y adusto; “Miquette et sa mère” (1949) y de una película en Brasil que no consigue terminar – y cuya documentación etnográfica recoge en su libro “Le cheval des dieux” – Clouzot consigue una celebridad internacional con “El salario del miedo” (Le salaire de la peur, 1952), crónica angustiosa – llena de efectos de suspense – del arriesgado transporte en camión de un cargamento de nitroglicerina a través de un país sudamericano, en la que retoma la cruel visión de la sociedad preconizada en “Le corbeau”. A film tan arrollador como éste (Palma de Oro del Festival de Cannes de 1963) se le ha tildado de hitchcockiano o de hustoniano. Ni una cosa ni la otra. Clouzot es tan personal e intransferible como sir Alfred o master John en sus grandes momentos.

    Su experiencia en el Grand Guignol parece determinante en la estructura de “Les diaboliques” (1952), artificioso ejercicio de terror y suspense (proporciona tantos sustos como “Psicosis” aunque evidentemente es peor que la tremebunda película de Hitchcock) a partir de una novela de Boileau-Narcejac. Con toda su parafernalia de chirridos, apariciones y dobles personalidades, “Las diabólicas” queda tan amena como impactante aunque claramente superficial. Simone Signoret, Paul Meurisse y Vera Clouzot – esposa del director – están excelentes y absolutamente entregados a la causa del engaño al espectador.

    El interés por la pintura de H.G. Clouzot, arte que cultivó en diversas etapas de su vida, se hace patente en “Le mystére Picasso” (1955) apasionante documental sobre Pablo Picasso que constituye, al mismo tiempo, que la más aguda exploración sobre la experiencia de un pintor que el cine ha llevado a cabo, una notable reflexión sobre el enigma de la creación artística; en este sentido “El misterio Picasso” significa una muestra insólita de la versatilidad del cineasta y una de las iniciativas más interesantes y logradas de su carrera.

    A partir de “Les espions” (1960), desconcertante fantasía policíaca más próxima a Kafka que al tradicional cine de intriga, su actividad se hizo cada vez más esporádica, a causa de su difícil carácter y su reputación de autoritarismo – que denuncia con acritud Michel Cournot en su libro “Le premier spectateur” diario del tempestuoso rodaje de “Los espías” – su relación, no menos tormentosa, con los productores y su delicada salud. De esta forma, después de la muy estimable “La verité” en la que pretende desenmascarar los tortuosos mecanismos de la justicia y que tuvo la virtud de transformar a Brigitte Bardot en algo similar a una actriz dramática, su trabajo sufrió un penoso letargo agravado por una crisis cardíaca que le llevó a dejar inacabada L’enfer (1964, lo que hoy podemos contemplar de ella es realmente de un más que subido interés.

    Repuesto, realiza un año después para la televisión una estupenda serie de documentales sobre música cuyo nexo común es la figura del director de orquesta Herbert Von Karajan. Nadie habló ni contó nada sobre un probable choque de egos tan monumentales. Posteriormente vuelve al cine de ficción con “La prissoniére”, que aúna inesperadamente la descripción de una experiencia erótica con un sorprendente documental sobre el arte cinético lo que constituye un acto de voluntad creativa fuera de lo común. Ajeno a las modas – como Pagnol, Franju , Guitry o Astruc – su obra, desigual e insólita, queda como una de las más personales e independientes del gran cine francés clásico. Murió en Paris el 12 de enero de 1977. Pero ¿quién fue H.G. Clouzot?, ¿uno de aquellos misteriosos espias que se ocultaban tras unas gafas negras?.

    Este texto ha tenido en cuenta las diversas observaciones del gran “cronista” como a él le gustaba autonombrarse) cinematográfico José Luis Guarner que siempre consideró a Clouzot el máximo cineasta clásico francés….despues de Jean Renoir.

    1) Excelentes “thrillers” franceses

    2) En 1951 el Otto Preminger de los buenos años plasmó un remake muy acertado en “Cartas envenenadas” (The thirteenth letter). Muchos años después William Friedkin hizo lo propio con “El salario del miedo”. Me niego a mencionar siquiera el título de la película dada su vergonzante calidad.

  2. Junto con Las diabólicas las mejores cintas del director. Saludos compañero.

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