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El verdugo (1963) es una película española dirigida por Luis García Berlanga, con guión de Rafael Azcona, y protagonizada por José Isbert y Nino Manfredi. Cinco décadas después de su estreno, no sólo ha mantenido el estatus original, sino que se ha conformado como una de las mejores películas españolas de todos los tiempos.

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En una España tan compleja socialmente como eran los primeros sesenta, en los que aún se estaba a caballo entre la dura posguerra y la recuperación económica, con gran parte de la sociedad deprimida y muchos aún temerosos por la presión política, Berlanga era de los pocos que se atrevía a tratar y retratar con descaro los asuntos cotidianos. Pero la maestría del director valenciano también le daba para esquivar la censura a través de unas historias tratadas con el punto de humor justo, como aquí sucede.

Amadeo (Isbert) trabaja como verdugo en Madrid. Al ser funcionario, tiene derecho a un piso, pero es probable que no se lo den antes de que se jubile, por lo que, cuando conoce a José Luis (Manfredi), un joven tímido y solterón, le presenta a su hija (Emma Penella) y entre ambos le lían para que se case con ella y herede también el puesto de verdugo de Amadeo, con el consiguiente piso. El problema radica en el débil carácter de José Luis, que lo mismo que se deja engatusar por su mujer y su suegro, también le cuesta aceptar un trabajo tan duro como el que va a tener que ejercer.

Hoy en día, en España ya no tenemos verdugos, y tal vez nos cueste un poco entender esa profesión una vez que la pena de muerte ya ha sido abolida desde hace casi cuatro décadas. Pero Berlanga hace aquí un alegato en contra de la pena capital que, por sencillo y noble, nos parece casi hasta inocente. Pero no lo era, al menos en su tiempo, donde el público comprendió y se puso de parte del pobre José Luis, como lo hacemos ahora nosotros, pero de manera más intensa y cercana. Tal vez también porque ese enorme sacrificio que hace, o que le llevan a hacer, estaba motivado por unas necesidades mucho más frecuentes en aquellos años, pero tampoco del todo escasas hoy en día.

Vista El verdugo, así como Bienvenido Mr. Marshall, o Plácido, por nombrar tal vez las tres más conocidas de Berlanga, no sólo podemos decir que ha sido uno de los mejores directores que hemos tenido en nuestro país, en todos los sentidos, sino que también nos sentimos en el deber de protestar porque ya no lo tengamos con nosotros y, para colmo, nadie haya sido capaz nunca de recoger su testigo tras las cámaras.

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