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Grease es una película con un aroma especial. No es el aroma a brillantina, como la tradujeron originalmente en España, ni el aroma a un Travolta que pasaba por su época dorada a finales de los setenta, cantando y bailando canciones que ya se han convertido en clásicos de la música moderna. Es un aroma a diversión, a desconectar del mundo por un momento y, por qué no, a unirse a cantar, con más o menos afinación, lo que los chicos en chupas de cuero, y las chicas con pinta de modositas van imponiendo.

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Si nos diera por ser crueles, y analizáramos fríamente esos movimientos y esas expresiones de John Travolta, seguro que daría para mucho humor. Bueno, y lo da. Pero el poder que tiene Grease en su conjunto es tal que ni con ésas. Cuando se estrenó, allá por 1978, seguro que tenía toda la pinta de ser un producto exclusivamente comercial y esclavo de un periodo de tiempo corto.

Ambientada e inspirada en esas películas sobre jóvenes adolescentes de la América de los años cincuenta, aprovechaba el tirón del bailarín Travolta en Fiebre del sábado noche, para, al lado de la preciosa, y mejor cantante que él, Olivia Newton-John, presentarnos un divertido musical con una historia muy convencional pero de las que funcionan y, sobre todo, una música y una coreografía muy divertidas, que han inspirado miles y miles de imitaciones y homenajes a posteriori.

Y tanto que funcionó, ya que, desde su estreno, Grease fue todo un éxito de taquilla e incluso de crítica. No le faltaban los motivos, ya que, aunque la historia fuera bien simple, estaba bien estructurada, y los personajes tenían bastante gancho. Si a eso le añadimos la salsa especial que tiene que tener todo taquillazo, en este caso una estupenda banda sonora, la receta está clara, y ha supuesto casi cuatrocientos millones de dólares de recaudación para una película que sólo había costado seis.

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De los musicales estrenados en cine, sigue siendo, casi cuarenta años después, el que mejores números ha dado. Pero eso es algo completamente entendible cuando, cada vez que se repone en la tele, un montón de gente se queda enganchada, con los ojos y los oídos bien abiertos, e incluso algunos la boca, ante el carisma que derrocha la pareja protagonista y algunos de sus acompañantes.

Obviamente, hubo una secuela, sin los protagonistas, y con muy poca fortuna en cuanto a calidad y rendimiento comercial. Pero eso ya da igual, porque siempre nos quedará la original y, cuando no tengamos a mano una tele para verla o un reproductor para escucharla, podremos tararear muchas de sus canciones, porque estoy seguro de que todos nos las sabemos de memoria.

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