hunter manhunter 1986
hunter manhunter 1986

Hunter es una película que se podría definir de distintas maneras. La historia de un poli que busca a un asesino en serie. Un Gil Grissom viejoven, tirando de instinto y de pistola en lugar de laboratorios. Un dragón rojo ochentero, masticado y degustado a cámara lenta. O, cómo no, Manhunter, de Michael Mann, en su título original, que ahora recuerda a brillantes series que van de ¡sorpresa! cazar a asesinos en serie.

Ya que hemos sacado el tema de las series, hay que decir que el protagonista de Hunter no es otro que William Petersen. Nombre y cara que suena a muchos y que lo hace, principalmente, por su enorme trabajo, en tiempo y calidad, en la CSI ubicada en Las Vegas. La verdad es que, aparte de sus trabajos televisivos, su presencia en películas es más bien escasa y podríamos decir que éste es su papel cinematográfico más relevante.

Hunter se estrenó en 1986, cinco años antes de que la magnífica El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs. Jonathan Demme, 1991), de la que es precuela, diera a conocer al gran público el magnífico personaje que era Hannibal Lecter.

Aquí, en lugar de Anthony Hopkins, el papel de Lecter lo interpreta Brian Cox, un actor de perfil parecido, que también cumple con ese cometido de parecer muy inteligente y todavía más perverso, pero cuya aportación no deja de ser escasa en realidad. Porque el protagonismo recae, prácticamente en exclusiva, en William Graham (Petersen). Como nota curiosa, antes de dejar a Lecter, decir que aquí su nombre se transforma en Lecktor, aunque es un cambio que nunca más sucede, en ninguna de las demás adaptaciones de la novela original.

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El estilo ochentero de Hunter

Michael Mann se toma toda la paciencia del mundo para ir retratando a sus personajes. Al propio Petersen lo sitúa, incluso cuando está corriendo, en escenarios calmados, tranquilos, pausados y a cámara lenta. De hecho, da la sensación de que, cuando sale en pantalla o le hablan, todo se ralentiza y la vida avanza a media velocidad.

Para los que hemos vivido la época y hemos visto tanto cine de esos años, es un estilo de dirección que nos retrotrae al pasado, a algo que por entonces parecía extremadamente moderno y que llegaba a cansar. Ahora, aunque el estilo predominante sea completamente distinto, es tanta la distancia que provoca curiosidad e incluso regocijo. Lo bueno es que Mann consigue que no desconectemos del todo de ese suspense de la trama que nos insiste en que hay un peligro muy grande acechando.

El peligro de Hunter se llama Francis Dollarhyde, aunque ni Graham ni su compañero Jack Crawford (Dennis Farina) lo saben todavía. Dollarhyde, interpretado magistralmente por Tom Noonan, resulta un malo de película muy eficaz. Además de su locura y su patrón imposible de rastrear, físicamente es un sujeto muy peculiar. La conjunción de ambos elementos, mucho más sutil en el remake de 2002 con Ralph Fiennes en el mismo papel, resulta bastante repulsiva, factor que ayuda a meterse en la peli y sufrir un poco con el prota.

Sobre el resto del reparto, destacar a ese Farina tan ochentero como su bigote eterno y a una Molly Griest muy dulce y pacífica, rozando el cielo de su carrera interpretativa de la que ahora no se sabe nada. Tampoco se merece el olvido Joan Allen, haciendo de ciega buena e indefensa, aunque no resulta tan creíble como debería.

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¿Por qué Hunter no es tan recordada hoy en día?

Hunter no goza hoy de una gran presencia entre el público más general. Solo aquellos un poco más curiosos, que profundizan en las videotecas o que buceaban en los videoclubs de los ochenta, saben qué película es.

Puede que una de las causas de su actual discreción sea el gran éxito que tuvo la saga reiniciada con El silencio de los corderos de Demme, luego continuada por Hannibal de Ridley Scott (2001) y finalizada por El dragón rojo (The Red Dragon. Brett Ratner, 2002). En concreto, es la primera la que de verdad marca la gran diferencia y se puede considerar uno de los mejores thrillers de todos los noventa.

Pero esto es algo que, al menos por nuestra parte, podría incluso haber impulsado el culto a Hunter, como obra original, anterior y de curiosidad. Hasta la presencia y protagonismo de Petersen es una nota a favor, así como la dirección de Michael Mann.

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Solo nos queda pensar que, aun con buenas críticas actuales y reconocimiento del público más especializado actualmente, ha tenido una mala distribución posterior en el mercado doméstico, y han sido muchos años alejada de la pequeña pantalla como para que, ahora, sea tenida en cuenta por el público.

Así que, sin que tradicionalmente se haya incluido en listas de películas de culto, pero con algunos puntos que podrían hacerla titular de este estatus, Hunter va a suponer un gran descubrimiento para aquellos que todavía no la hayan visto.

En nuestra opinión, y con la distancia que el tiempo otorga, la consideramos superior a su remake más reciente y, dentro de lo que son las películas de Hannibal, solo por detrás de la protagonizada por Jodie Foster. Eso sí, tampoco nos extrañaría ver un nuevo remake o reinicio de la saga a medio plazo. Incluso con la serie tan calentita aún. Hoy en día, las cosas son así.

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