la cruz de hierro cross of iron
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Hay películas que, como sus directores, parecen estar adelantadas a su tiempo y, por ello, cuando se estrenan suelen pasar desapercibidas o, en el peor de los casos, son criticadas y despreciadas.

Se podría decir que uno de esos directores malditos que sólo acabó obteniendo reconocimiento años después de su muerte ha sido Sam Peckinpah. Tal vez por su carácter, que no ayudaba, no pudo realizar más proyectos cinematográficos, pero bien es cierto que sus obras no terminaban de cuajar entre el público y tampoco gustaban demasiado a los productores, los cuales intentaban interferir siempre en el montaje final.

la cruz de hierro cross of iron poster

La cruz de hierro (Cross of Iron), de 1977, no es una excepción. Posiblemente la última gran película de Peckinpah, y también la única del género bélico que firmó, La cruz de hierro ha ido mejorando con el paso del tiempo. Mejor dicho, la visión del público y la crítica hacia ella ha ido mejorando en los últimos años, ya que la película sigue siendo la misma y sólo unos pocos supieron ver en su momento la calidad y la fuerza que desprendía. Uno de ellos, famoso por su apoyo a esta cinta, fue Orson Welles.

Pero no sucedió así con la crítica generalizada y con el grueso de los espectadores que, salvo alguna excepción, la consideraron excesiva sobre todo en su violencia.

Esto no era algo raro en el cine de Peckinpah. No se cortaba a la hora de mostrar de manera dedicada los momentos más agresivos, o de fijarse en detalles supuestamente secundarios pero que servían para acentuar situaciones violentas y extremar la sensibilidad del espectador.

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En La cruz de hierro, además, pudo contar con otros elementos de producción que le daban una dosis extra de realismo, como unos detallados uniformes y armas, e incluso tanques soviéticos que pertenecían al ejército popular de Yugoslavia, país donde se rodaron la mayoría de las escenas exteriores.

La historia, además, se centra en un conflicto entre personas más que entre países, enfrentando al soldado coherente y justo y al militar de alta graduación que sólo piensa en glorificar su curriculum para conseguir la cruz de hierro. No podemos sino aplaudir la decisión de contar para ambos papeles con actores que encajan a la perfección con esos roles: James Coburn y Maximilian Schell.

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Como hemos dicho, La cruz de hierro fracasó estrepitosamente en los cines estadounidenses, con un público que no estaba preparado para un cine tan directo y, a la vez, no gustaba del antibelicismo que emana de la película. En cambio, en Europa tuvo mejor recibimiento, y en Alemania se convirtió en la cinta más taquillera de los últimos años.

Como su director, La cruz de hierro ha pasado a engrosar esa peculiar lista de películas de culto que son ahora más apreciadas, tal vez por la admiración que han recibido de directores de moda como Tarantino, o porque, como dijimos al comienzo, estaba adelantada a su tiempo y éste ha llegado ahora.

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