la evasion le trou
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La evasión (Le Trou) es una película francesa dirigida por Jacques Becker en 1960. Está considerada la obra cumbre de su director, que falleció al poco de terminar su rodaje, y una película de referencia en el cine francés y en el cine carcelario en general.

la evasion le trou posterLa película está inspirada en un caso real sucedido años antes, en el que unos presos, compañeros de celda, deciden escaparse de la cárcel. Y de eso trata La evasión, así de fácil, así de simple, así de sencillo. Cuatro presos más uno nuevo, que está ahí por una falsa denuncia de su mujer, que excaban un túnel para fugarse de la cárcel donde están encerrados. No hay más que eso. Una celda, los pasillos de la cárcel, y unos rostros desconocidos que hacen un agujero. Digo rostros desconocidos porque los actores no eran profesionales, algo que Becker justificaba para conseguir más fuerza en los espectadores, al no identificarlos con ningún otro personaje anterior. Y de ahí su talento, al conseguir sacarles interpretaciones que a todos nos atraen y enganchan, como si fueran verdaderos profesionales.

Pero esa visión del cine también la lleva a otros aspectos de la producción. Sin grandes artificios, y sin centrarse únicamente en los sentimientos de los personajes, algo que parece básico en un drama carcelario, la descripción de los escenarios, del ambiente y de las sensaciones es tan directa que nos hace partícipes de la misma. No escatima en detalles, ni le preocupa el ritmo. Sólo le preocupa transmitir más allá de la pantalla, para tocar al espectador en su interior, y para que el espectador toque con su mirada como si estuviera presente en tamaña aventura.

la evasion le trou

Muchos la han tachado de ejercicio cercano al documental por la duración de sus planos, o la calma con la que se desarrolla la acción. Pero no hay que engañarse, no es una cinta que aburra ni que propicie distracciones entre los espectadores.

 

Hay que destacar que, entre los protagonistas amateurs, participa Jean Keraudy, que fue uno de los presos que se habían fugado en la historia que inspiró la película. Fue su único acercamiento al mundo del cine. El resto de los actores, como Michel Constantin o Philippe Leroy, aprovecharon La evasión para evadirse de su amateurismo y desarrollar una carrera bastante rica en los siguientes años.

la evasion le trou

 

5 Comments

  1. Carlos dice:

    Qué buena pinta. No la conocía. Me la apunto!
    ¡Gracias pelicultista 😉

  2. Luis Betrán dice:

    “Le evasión” (Le trou) es, probablemnte, el mejor film carcelario de todos los tiempos, puesto que tan solo podría discuturle quizá “Un condenado a muerte se ha escapado” del asimismo francés Robert Bresson. Es una elegía a la amistad, a la solidaridad, al esfuerzo, a la libertad (inolvidable primer plano de las dos manos ayudándose), y una condena sin paliativos de la delación. La frase final que se le dirige a Gaspard (Marc Michel) es definitiva, y se erige en la antítesis perfecta de “La ley del silencio” de Elia Kazan.

    Pero Jacques Becker no es solo al autor de esta impresionante obra maestra, que no vivió lo suficiente para verla estrenada.

    JACQUES BECKER

    EL MEJOR FILM CARCELARIO

    Nacido en Paris el 15 de septiembre de 1906, procedente de un medio burgués, abandonó en 1919 sus estudios en la Schola Cantorum para fundar una orquesta de aficionados. Tras diversos y con frecuencia pintorescos empleos, fue ayudante de dirección de Jean Renoir desde 1932 a 1938. Ese año tuvo la oportunidad de realizar su primer largometraje: “L’or de Cristobal” pero por desacuerdos con el productor la cinta fue terminada por Jean Stell. Hecho prisionero durante la ocupación, en 1942 Becker dirigió su primera película personal, el buen film policíaco “Dernier atout”, a la que siguió la importante “Goupi mains rouges” que contiene una virulenta descripción de la vida cotidiana del campesinado francés. Becker pareció discípulo directo de Renoir (ver “Toni”); pero si heredaba directamente su maestría era ya visible en el film una tendencia al intimismo dramático netamente distinta de la vena irónica o del amplio aliento colectivo que caracterizaron alternativamente al autor de “La gran ilusión”.

    Llegaron las menores “Falbalas” (1944) sobre la alta costura y “Antoine et Antoinette” (1945) que en torno al conocido tema de un billete de lotería perdido, dibujaba, no obstante, con gran sentido de la caracterización y una innegable vena poética diversos cuadros de costumbres de la realidad francesa del momento. Su carrera entro ya en un momento cenital con “Paris bajos fondos” (Casque d’or, 1951) su primera obra maestra. Situada en el Paris canalla y apache de Eugéne Sue y espléndidamente interpretada por Simone Signoret y Serge Reggiani, era a la vez un análisis social de admirable justeza, un bronco retablo de la vida del hampa y una reconstrucción plástica y algo nostálgica de un mundo perdido, amén de un relato romántico. Antes “Rendez-vous de juillet” (1949) y “Eduard et Caroline” (1951) habían sido dos estimables films costumbristas, pero “Rue de l’Estrapade” (1953) que vino a continuación fue otra maravillosa obra cercana en calidad a la mentada “Casque d’or” e injustamente olvidada. A revisar, sin duda.

    Pocos eran los años que le quedaban de actividad a Becker, y además no iban a verse exentos de dificultades. “Touche pas au grisbi” (1953) protagonizada por un magistral Jean Gabin era otro cuadro del hampa, esta vez en ambiente contemporáneo y realizado con la exactitud y fidelidad descriptivas características del gran autor. Tal vez, el primero, y mejor, “polar” del cine francés. A esta obra mayor siguió la concesión de “Ali Baba y los cuarenta ladrones”, film cómico y nada despreciable al servicio del temible Fernandel y en la que brilla la utilización excepcional del color. Otro film a revisar libre de prejuicios. De muy distinta índole, aunque el tono tambien fuera ligero y hasta festivo fue “Les aventures d’Arséne Lupin” (1956). El popular pèrsonaje creado por Maurice Leblanc y encarnado por el actor teatral Robert Lamoureux en una Europa de opereta, devenía en un héroe galante de un divertimento ágil y amable, cuya atmósfera evocaba, en tono menor, el mundo del genial Max Ophüls.

    Volvió al blanco y negro y a uno de los proyectos más largamente acariciados por el maestro vienés: “Montparnasse 19” (1958), en torno al último período de la vida del pintor Modigliani. Dedicado a la memoria de Ophüls, este es un film estremecedor, fuertemente patético. Interpretado excelentemente por Gérard Philipe que, diríase que anticipando su propio trágico destino inminente, hacía sentir de modo ineluctable el acecho de la muerte sobre la fragilidad alcohólica del artista; Lilli Palmer conseguía dotar de vida a Béatrice Hastings y Anouk Aimée confería a Jeanne Hébuterne un halo de abnegación y pureza. Como siempre, la descripción del Paris bohemio de 1919 mostraba lúcidamente sus aspectos sórdidos y su secreta crueldad.

    A este título siguió la prodigiosa “La evasión” (Le trou, 1959) – en mi opinión el mejor film carcelario jamás realizado en cualquier época o cinematografía y la segunda gran obra maestra de Becker – relato basado en un suceso verídico de unos presos que tras abrir laboriosamente un agujero (trou), en realidad una mina, eran en el último momento……Los pormenores de la minuciosa y angustiosa excavación eran transcritos con la sobria fidelidad del Bresson de “Un condenado a muerte se ha escapado” (memorable película, por cierto), pero por otro lado la obra contenía una exploración ética sobre uno de los temas más recurrentes del cine de Becker: la solidaridad entre los hombres situados al margen de la sociedad y su posible quiebra por la traición. Jacques Becker no llegó a asistir al estreno de la mejor de sus películas: el 20 de febrero de 1960 le llegó la muerte. Su ausencia, en el momento en que su gran talento había dado su más hermoso fruto, privó al cine francés del, posiblemente, más sólido cineasta de toda su generación.

    Aunque no tanto como Franju o Astruc, Becker está demasiado olvidado y ello no es solo injusto sino lacerante. Mi invitación a revisar toda la filmografía beckeriana y, de paso podemos plantearnos las 10 mejores películas carcelarias de la historia del cine.

  3. Luis Betrán dice:

    El placer es mío y de maestro nada. Te he dejado otro comentario en “Perdición” de Wilder. A ver si me animáis un poco mi blog “vergerus”, ultimamente algo pocho trás verme obligado – y bien que lo siento – a colocar un filtro de comentarios, trás una serie de ataques e insultos fascistas producto de mi posicionamiento político en la izquierda y, concretamente, en PODEMOS. Gracias.

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