La gran estafa (Charley Varrick) es una película policíaca dirigida por Don Siegel y estrenada en 1973. Con esto, ya podemos hacernos una buena idea de lo que nos vamos a encontrar. Porque el cine policíaco setentero tiene una personalidad muy marcada y, cuando está en manos de Siegel, aún más. Qué decir, además, si el protagonista es Walter Matthau, un intérprete de los de verdad, capaz de ser el mejor actor cómico o encarnar al más imponente personaje dramático.
Por todo esto y por otras cosas, voy a tratar de convenceros de que veáis La gran estafa o, en caso de que ya lo hayáis hecho, de que podáis volver a verla con otra mirada con la que la apreciaréis, si cabe, aún más.

¿De qué va La gran estafa?
Charley Varrick es un antiguo piloto de acrobacias que ahora se dedica a fumigar campos. En sus ratos libres, o no tan libres, también se dedica a dar pequeños golpes en bancos locales. En uno de estos golpes junto a su esposa Nadine y sus cómplices Dutcher y Sullivan, despiertan la atención de la policía local y se produce un tiroteo en el que mueren varias personas, mientras él y Sullivan escapan con una gran cantidad de dinero.
A partir de ahí, se sucede una persecución plagada de obstáculos y problemas inesperados entre los que se incluyen personajes variopintos y que harán que Charley Varrick saque a relucir todo su arsenal de recursos y argucias.
Estos giros en la trama son clave para mantener la tensión, tanto por las sorpresas inesperadas como por el modo en el que juegan con las expectativas del público, hasta llegar a un punto en el que absorben la atención de un modo magistral y redondo.
Contexto histórico y social de Charley Varrick
La gran estafa se estrenó en una época de gran agitación social en Estados Unidos. Tanto la década anterior como los comienzos de los 70 fueron unos años convulsos a causa de la guerra de Vietnam y los movimientos por los derechos civiles. También era una época complicada en cuanto a la política local, con el escándalo Watergate pululando y una enorme crisis económica acechando. Para muchos, la historia de Charley Varrick es, precisamente, un comentario o aproximación a esa situación.
Pero esto no puede desligarse del propio contexto por el que pasaba la industria del cine. Y es que La gran estafa es producto de un momento único, en el que el Nuevo Hollywood comenzaba a despegar e introducir nuevos temas y modos de expresión en sus películas.
De ahí que en los filmes de este movimiento incluyan más comentarios políticos y sociales que sus antecesores clásicos. Pero este Nuevo Hollywood también consolidaba un cine con una visión más personal e independiente, algo que se percibe aquí y en otras de sus coetáneas.

Los temas que explora La gran estafa
Una de las mayores virtudes de La gran estafa es que es una película que funciona tanto para un público con sed de entretenimiento como para aquel otro que busca una mayor profundidad en los temas. Y esto último es algo que se comentó mucho en su momento.
Charley Varrick no deja de ser una crítica hacia el capitalismo exacerbado, pero también hacia el estado. Mientras que al primero se le representa a través de una mafia demasiado ambiciosa y codiciosa, capaz de cualquier cosa con tal de proteger su dinero, al segundo se le retrata como un sujeto torpe e ineficaz, prácticamente prescindible, dando a entender que los individuos son los que deben tomar las medidas necesarias para cuidar de sí mismos.
En este conjunto, también se puede observar una crítica al sueño americano, visto como aquel objetivo meramente económico en el que el éxito laboral se traduce en riqueza monetaria y prima sobre otros aspectos más personales y habituales en nuestra sociedad, como pueden ser la familia, la amistad o la formación intelectual.
El estilo visual de La gran estafa
El cine del Nuevo Hollywood tenía unas características propias que trataban de reflejar inquietudes más personales y visiones reivindicativas de los temas que trataban. Pero la propuesta no iba exclusivamente de personajes, situaciones y conversaciones. Aquí entraba en juego también el uso de los colores, los movimientos de cámara y los tipos de plano, con los que se trataba de dar mayor incidencia a cada uno de los anteriores.
En concreto, el estilo visual que usa Siegel en La gran estafa destaca, principalmente, por un uso intenso de tonos amarillentos y marrones, que refuerzan ese discurso árido de la película, al tiempo que sitúan la escena en un lugar igual de seco y áspero.
El tipo de encuadres y los gran angulares que utiliza también influyen en la visión que construimos de los personajes, sobre todo cuando los vemos a lo lejos, rodeados de vacío, empequeñecidos, aislados y vulnerables. Y, al contrario, los primeros planos tan intensos, muy característicos en esos años, aportan una sensación de opresión y claustrofobia que los espectadores acaban traduciendo en tensión.
El equipo y reparto de La gran estafa
Además del contexto histórico en el que se sitúa y participa, La gran estafa destaca por su impresionante reparto y equipo. Aunque el nombre más conocido sea el de Walter Matthau, que en aquellos años era una auténtica estrella, no podemos olvidar a Joe Don Baker, Felicia Farr, con excelentes interpretaciones en ambos casos, o al inolvidable William Schaller, que en tantas películas y series apareció en su larguísima carrera.
Pero, dado que Matthau es el auténtico protagonista de la película y su personaje es el que le da nombre a la misma, me quiero centrar en él y en su importancia para el resultado final del film.

Matthau ya gozaba de un gran prestigio entre el público, la industria y la crítica. Muchos de sus trabajos eran papeles cómicos, pero ya había demostrado su talento para plasmar personajes serios y duros. De hecho, ese estilo seco e inexpresivo que tan bien funcionaba en situaciones graciosas le sirvieron para reflejar una sensación de ironía y distanciamiento con la que retratar a Charley Varrick.
Aquí es donde veo una característica peculiar en su personaje. Al principio, Varrick parece simplemente el típico atracador de bancos que escapa con su botín porque su ingenio es superior al de unas fuerzas de seguridad ineficaces. Según avanza la trama, y crecen las dificultades, vemos que su afán no es el de una persona que quiere enriquecerse, sino que es el de alguien que exprime todos sus recursos para sobrevivir.
Pero es que, para sobrevivir, no se comporta como un asesino despiadado, sino que sigue mostrando un carácter empático, de marido, de amigo, de persona para la que el dinero no lo es todo. Y ese es un gran conflicto cuando se trata del protagonista de una película de atracos, al que terminamos por sentir cercano y simpático, mucho más que a otras partes supuestamente nobles.
Lo que dijo el público y la crítica de La gran estafa
En su estreno, La gran estafa tuvo una acogida desigual por parte de crítica y público. Algunos de los críticos especializados alabaron el ritmo de la película, la complejidad de los personajes y la inteligencia del guión. Pero los ataques llegaron a causa de, precisamente, esa falta de brújula moral que dirige al personaje y de una violencia que, para aquellos años, todavía se consideraba excesiva.
En este sentido, se puede decir que La gran estafa se hacía eco de los nuevos gustos que tenía el público y que Siegel también exponía en otras de sus películas, como Harry el sucio (Dirty Harry, 1971) o la anterior Código del hampa (The Killers, 1964). Esto se traduce en tramas oscuras, personajes corruptos y ambigüedad moral.

La influencia de La gran estafa en otras películas y directores
Como ya he comentado, La gran estafa trata unos temas y presenta unos personajes que se iban imponiendo a otros más clásicos, llenos de valores y con un aura cercana a la santidad. Ejemplos de lo que se iba cociendo en California pueden ser la magnífica The French Connection (William Friedkin, 1971), la no menos brillante Serpico (Sidney Lumet, 1974) y la poco recordada El confidente (The Friends of Eddie Coyle. Peter Yates, 1973).
Todas estas retratan un mundo de corrupción, con agentes de la autoridad dudosos y personajes poco recomendables que se ganan el favor del público a pesar de sus crímenes.
Pero ha habido casos posteriores de mayor repercusión que La gran estafa. Hablamos de títulos tan interesantes como The Driver (Walter Hill, 1978), Thief (Michael Mann, 1981), Vivir y morir en Los Ángeles (To Live and Die in L.A. William Friedkin, 1985), Reservoir Dogs (Quentin Tarantino, 1992) o Heat (Michael Mann, 1995).
En conclusión, se puede decir que La gran estafa es una película que ha aguantado muy bien el paso del tiempo. Medio siglo después de su estreno, su guión sigue mostrando una potencia inusual gracias a los distintos giros que da y a su ritmo preciso. También su personaje principal, Charley Varrick, se mantiene firme y atractivo después de tanto tiempo.
Pero lo que, al menos personalmente, resulta imbatible, es todo ese espíritu de cine nuevo, que se expresa de un modo genuino y menos mesurado que en otras películas. En definitiva, merece la pena echarle un vistazo y darle un poco más de protagonismo a una película que, por sí sola, es un ejemplo perfecto del cine del Nuevo Hollywood de principios de los 70.

Espero que este texto te haya animado a ver La gran estafa o a echarle otro vistazo si ya la conoces. Si es así, déjame tu opinión en esta misma página o escríbeme en mi cuenta de Twitter, donde suelo publicar contenido como éste y muchas otras cosas relacionadas con el mundo del cine y la televisión.

