la milla verde
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Este blog tiene alguna deuda pendiente desde sus inicios y La milla verde (The Green Mile) era una de ellas. Dirigida por Frank Darabont y protagonizada por Tom Hanks, David Morse y Michael Clarke Duncan, es una de las películas más populares de los últimos años, de esas que casi todo el mundo ha visto.

Paradójicamente, para los desconocedores de la trama que desarrolla La milla verde, no suele resultar la película más atractiva de poner. Una historia que parece un melodrama carcelario con intensos toques de fantasía, y además supera las tres horas de duración, puede aparentar difícil de digerir. Pero no. Esto es todo lo contrario. Estamos ante una historia muy amena, muy entretenida y muy bonita.

¿No la has visto todavía? Pues aquí te voy a dar unos cuantos motivos para que lo hagas. ¿Ya la has visto? Pues sigue leyendo, porque estoy seguro de que te voy a convencer para que la veas nuevo y disfrutes, al menos como si fuera la primera vez de La milla verde.

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¿De qué va La milla verde?

Paul Edgecomb (Tom Hanks) es el jefe de personal de una prisión ubicada en el sur de Estados Unidos en los años 30 del siglo pasado. Es una época dura y triste, en la que todavía se sufren las consecuencias del crack del 29, y es un lugar en el que la sociedad todavía permanece anclada en valores y estilos de vida rancios y antipáticos.

Pero no todo el mundo es así en un entorno tan hostil. Sorprendentemente, no lo es en la cárcel y, más sorprendentemente, no lo es en la milla verde, el nombre que recibe el corredor de la muerte de esa prisión. Allí, junto a Edgecomb, trabajan otros funcionarios de prisiones que saben muy bien en qué lugar se encuentran y cómo comportarse ante los que van a pasar allí sus últimos días antes de sentarse en la silla eléctrica.

Son sus compañeros Howell (David Morse), Stanton (Barry Pepper) y Terwilliger (Jeffrey DeMunn) los encargados de ayudarle a que las cosas funcionen bien en ese ambiente tan pesimista. Pero también tienen que pelear contra Percy (Dough Hutchinson), un caprichoso y enchufado guarda cuya única virtud es hacer sufrir cuanto más mejor a los presos.

Pero todo empieza a cambiar con la llegada de John Coffey (Michael Clarke Duncan), un preso condenado a muerte por el asesinato de dos niñas que, contrariamente a lo que puede aparentar por su físico, nada en la bondad y, además, tiene unos talentos nada comunes para hacer el bien.

Una historia amplia y generosa

La milla verde es una película que no escatima en metraje. Esto es algo que muchos le han achacado para desprestigiarla, pero que también hay que valorar en su justa medida. Me refiero a que la profundidad con la que se presenta todo el filme, la cantidad de aspectos que se tocan y el número de personajes que hay, muchos de ellos con sus propias historias, vinculadas o no a la trama principal, requiere de mucho talento y de no menos minutos.

Sus más de tres horas no se hacen largas por falta de interés, ni lentas por falta de ritmo, ni agotadoras por exceso de ídem. En esto, puede recordar un poco a Cadena perpetua, que para algo están dirigidas por el mismo director, Frank Darabont.

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Y es que, con la excusa del abuelo cebolleta, aquí un Edgecomb ya anciano al que vemos en el presente, se nos cuenta una historia a modo de cuento, con todos los elementos que nos suelen gustar de estos: complicidad para sentirnos parte de la historia, verosimilitud para creérnosla, toques mágicos o fantásticos que nos hacen soñar y un final que nos permite ilusionarnos.

Con este recurso de mostrar la historia desde un punto de vista de primera persona, es más excusable ese abanico grande de personajes, así como la recreación en ciertos detalles que ayudan a definir a algunos de ellos y que, con un director y un montaje más austeros, podrían haberse omitido. Pero, claro, el conjunto de la película perdería parte de su encanto y La milla verde no sería lo mismo que vemos ahora.

Los aciertos de Frank Darabont en La milla verde

Como siempre, contar con una buena base es importante, y la historia de Stephen King lo es. Pero hay modos más eficaces y bonitos de mostrar lo que se infiere de la versión escrita. Por ejemplo, la actitud cómplice y conjuntada de los guardias, que más que compañeros son amigos, y que por momentos parecen coreografiados en el interior de la cárcel.

Esto, para luego reforzarlo en el modo en el que conviven y comparten fuera de ella, planificando y tramando de un modo tan amateur y casi infantil que a muchos nos recuerda a esas reuniones clandestinas de la niñez para culminar alguna aventura o travesura.

Pero lo que me parece mucho más difícil de conseguir es el equilibrio entre los momentos que requieren de mayor dinamismo, los que piden pausa y los que demandan tensión. Y esto, en una película de casi doscientos minutos, es más que meritorio.

Mientras que a algunos personajes los va describiendo poco a poco, a lo largo del filme, a otros los retrata casi de golpe, sin provocarnos impaciencia. Otros, a lo mejor habrían abusado del suspense a la hora de mostrar los talentos de Coffey, mientras que aquí es algo muy rápido, cuya incógnita no es el talento en sí, sino el modo en que lo aplica.

Y, en parte relacionado a lo que comentaba antes, el equilibrio también lo consigue con cada uno de esos ingredientes tan diferentes pero imprescindibles aquí. Porque del dolor físico de Tom Hanks pasamos a la ira por los actos de Percy, a la ternura por el ratoncito de Delacroix, a la complicidad por la ayuda de Howell, a la compasión de Coffey o a la magia de los milagros que se van repartiendo a lo largo del film.

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El equilibrado y variado reparto de La milla verde

Con la leve excepción de dos esposas, Jan (Bonnie Hunt), la de Edgecomb y Melinda (Patricia Clarkson), la del alcaide Moores (James Cromwell), así como la de la anciana Elaine (Eve Brent) al comienzo y al final de la misma, el gran protagonismo de la película se lo llevan el conjunto de personajes que vigilan la milla verde y los presos que allí habitan.

El más conocido de los actores de La milla verde es Tom Hanks, al cual no vamos a descubrir aquí. La verdad, estaba en su mejor época, tras haber participado en las mejores películas de su carrera, desde Philadelphia (Jonathan Demme, 1993) y Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994) hasta Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan. Steven Spielberg, 1998). Y no se puede decir que aquí desentone, sino todo lo contrario. Es el rostro y el intérprete perfecto para encarnar a un personaje que se ganaba su liderazgo a través de la honradez y la justicia, y no de la mano dura.

Su adlátere más próximo es el personaje de David Morse, un actor que no ha llegado a estar en la primera línea, pero que siempre cumple con creces, sea cual sea el estilo y el género al que se enfrente.

Podría seguir con sus compañeros de lado de las rejas, pero, en realidad, los que más me han llamado la atención como intérpretes que resultan absolutamente creíbles son los presos encarnados por Sam Rockwell y Michael Clarke Duncan.

El segundo es el que siempre se ha llevado la atención, porque, además de hacerlo brillantemente bien, pone rostro a un personaje que resulta fascinante, de esos que no se olvidan tras conocerlos.

Pero el de Rockwell, que puede parecer tópico en muchos sentidos, es el contrapunto al tono formal imperante, incluso del pérfido Percy, y que puede provocar las carcajadas más perversas al personal. Porque, además de malvado, es soez, muy irreverente, y Rockwell nos permite casi respirar la suciedad que emana de su piel, de sus dientes de sus uñas, reflejo de la suciedad espiritual que solo un psicópata como él puede portar con tranquilidad.

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Recepción y crítica de La milla verde

El estreno de La milla verde atrajo a multitud de espectadores a las salas, llamados por su historia, director y reparto. Esto hizo que, desde el primer fin de semana, los resultados fueran buenos y, gracias al boca a boca, se consiguieran cifras lo suficientemente buenas como para considerar la película muy rentable solo en la taquilla doméstica norteamericana.

También ayudó el hecho de que la mayoría de los críticos, que no todos, la consideraran una película interesante. Su larga duración fue para algunos el mayor de los defectos, aunque esto también proporcionó las ventajas antes comentadas para un mayor desarrollo y profundidad de los personajes y ambiente general.

Muchos espectadores basaron sus opiniones, consciente o inconscientemente, en la comparación entre La milla verde y Cadena perpetua, por todos los vínculos que hay entre ambas. Lo malo de esto es que la protagonizada por Tim Robbins es una de las películas más apreciadas por el público después de todos estos años, y casi cualquier otro filme que se ponga a su lado sale perdiendo.

Cabe destacar que tanto Stephen King como Frank Darabont quedaron muy satisfechos con el resultado final de La milla verde, considerándola como una de las mejores adaptaciones y trabajos de dirección de sus carreras, respectivamente. Hay que decir que, de las varias decenas de obras de King que han sido trasladadas a la gran pantalla, esta fue la primera en superar los 100 millones de dólares en taquilla, lo cual no es moco de pavo.

La percepción actual de La milla verde es bastante positiva y, aunque las mayores críticas inciden en el metraje o en lo melodramático del tono general, la película de Darabont está considerada como una de las mejores de todos los noventa.

Si quieres comentar tus impresiones sobre La milla verde, me encantaría leerlas aquí. También puedes seguir mi cuenta en Twitter, donde publico y comento muchas más películas cada día.

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