Manos peligrosas
Manos peligrosas

Cuando se trata de buscar o de hablar sobre cine negro, las películas más eficaces y redondas suelen pasar desapercibidas. Me da la sensación de que eso ha sucedido históricamente con Manos peligrosas (Pickup on South Street), una de las primeras películas de Samuel Fuller y, también, una de esas que se asemejan más a un producto de estudio que a sus típicas producciones.

Pero el hecho de que Manos peligrosas pueda considerarse una película comercial dentro de la filmografía de Fuller no le resta interés y tampoco afecta a su enorme calidad. Porque, como ya he dicho, es una cinta muy conseguida.

¿De qué va Manos peligrosas?

Manos peligrosas nos cuenta la historia de un carterista de poca monta, Skip McCoy (interpretado por Richard Widmark), que, al poco de salir de la cárcel, roba a una joven en el metro. El problema es que esta joven, de nombre Candy (Jean Peters), está relacionada con un espía que pretende pasar información a los soviéticos y, a la vez, está vigilada por agentes del gobierno.

Manos peligrosas

De este modo, el bueno de Skip se ve involucrado no solo en un pequeño lío por el que puede volver a la cárcel de por vida, sino en un asunto muy grave que puede comprometer la seguridad nacional y que le puede costar la vida, tanto por parte de los espías como por parte del propio gobierno norteamericano.

A diferencia de otras películas de Samuel Fuller…

Muchas de las películas de Sam Fuller a las que hoy en día se rinde culto pertenecen a esos años en los que renunció a someterse a los designios de los grandes estudios y prefirió buscarse las castañas por su cuenta.

Más de medio siglo después manteniéndose como ese director de culto significa que su cine tiene algo de particular. Pero ver una película como Manos peligrosas solo sirve para confirmarlo y, sobre todo, para demostrar que el talento que poseía, de haber contado con más recursos, podía haberlo convertido en un director muchísimo más prestigioso.

Manos peligrosas

Fuller aquí renuncia a dar pleno protagonismo a las historias personales para potenciar una trama de espías, con el tema de la Guerra fría de fondo, en una época en la que se empezaba a fomentar desde el séptimo arte esa confrontación directa entre los dos bloques.

Lo que no rehúye Manos peligrosas es el ambiente peligroso de algunas capas de la sociedad, con una Nueva York que todavía mantiene ese aroma a ciudad dominada por los gánsteres y la mafia, y que con esfuerzo empezaba a asomar la cabeza para situarse como cima del mundo.

Manos peligrosas, puro cine negro

Dicho todo lo anterior, hay que añadir que Manos peligrosas es una película que resume a la perfección lo que muchos esperan a la hora de ver un noir clásico norteamericano.

Una de las mayores gracias que se le aparecieron a Fuller fue la de contar con tres actores maravillosos que le ayudaron a enfocar la historia de un modo paradigmático. Hablo de los protagonistas Widmark y Peters, y de la secundaria Thelma Ritter, cuyo personaje crucial resultó tan bien interpretado que le llevó a la nominación a los premios de la Academia.

Manos peligrosas

Todos estos personajes, tanto los principales como los secundarios, ayudan en esa eficacia de la que hablaba al principio. Hay películas que siguen una fórmula, en su estructura, en su ritmo y en sus personajes, para conectar con el público, hasta llegar a un final satisfactorio. Aquí pasa algo similar, pero, como sucede con los más grandes directores y las más grandes películas, la sutilidad permite disimularlo todo de un modo elegante.

Skip es un héroe de los que gustan al público. Viste bien, aseado, elegante, caballeroso y buen peleador. Además, nunca se muestra mezquino ni con sus enemigos ni con la dama de la película. Y todo esto, sin que choque con su pasado y presente como carterista, por supuesto. Porque, aquí, lo que se destaca es que el tipo es mucho más noble que los verdaderos malos de la película.

Algo similar sucede con el personaje de Candy, la cual, cándida e inocente, viene de una relación con un auténtico mafioso y espía, al cual sigue sirviendo, a pesar de caer rendida ante Skip y de llegar a comprometerse mucho más de lo que una chica haría, salvo por amor.

El talento de Fuller para el arte y para el público

El cine tiene dos patas principales, el arte y el entretenimiento. Con el primero, se consiguen obras admirables. Con el segundo, se consigue un mayor éxito económico. Los auténticos genios son los que consiguen combinar ambas patas y mantener ambas a buen nivel.

Manos peligrosas muestra el talento de Fuller para ambas ya en los primeros minutos. La escena del robo en el metro, desde sus prolegómenos con la gente mirando y moviéndose, hasta esos planos detallados, que adelantan en varios años a las maravillosas manos filmadas en Pickpocket (Robert Bresson, 1959), además de adictivas son puro arte.

Pero esa misma escena, que engancha y maravilla a cualquier cinéfilo como si fuera un novato que nunca ha visto una película, termina por todo lo alto con una incógnita genial que no hace más que mantener en vilo a todos a la espera de que se desvele el secreto que se nos insinúa.

Algo similar sucede en la escena final. No pretendo desvelar ni destripar nada, sino afirmar que el modo en el que se resuelve la película no hace más que combinar, de nuevo, el talento artístico con la visión comercial, algo al alcance de muy pocos.

Pero esto no fue resultado de un camino de rosas. Las primeras versiones de la historia resultaban mucho más violentas e inaceptables para los postulados del código Hays, imperante por aquellos años en Estados Unidos. La oposición de los estamentos oficiales llegó a tal punto que el mismo Hoover se mostró en contra de Manos peligrosas y en ningún momento se ve referencia alguna al FBI, dadas algunas de las acciones acontecidas en la película.

Manos peligrosas

Recepción y crítica de Manos peligrosas

Sin que ni Fuller ni Widmark fueran unas grandes estrellas, pero tampoco unos completos desconocidos, puedo partir de que no había prejuicios en lo que respecta a esta película.

Me refiero a prejuicios dentro del sector y del arte, por supuesto, ya que fue presentada en el Festival de Venecia y llegó a estar nominada al León de oro a la mejor película. Este premio quedó desierto en esta edición, pero Samuel Fuller sí recibió el Leon de bronce por su trabajo en la dirección.

En lo que se refiere a la crítica periodística, Manos peligrosas pasó como una película con mucha más violencia de lo que muchos consideraban aceptable, aunque las actuaciones de Widmark y Ritter siempre estuvieron bien consideradas.

Personalmente, me sorprendió agradablemente el buen hacer de Jean Peters, la cual se llevó el papel tras muchas dudas de Fuller y, sobre todo, después de los descartes de nombres muy grandes, como Marilyn Monroe, Ava Gardner o Shelley Winters.

En los últimos años, el reconocimiento de Manos peligrosas ha subido enteros. Es normal si se tiene en cuenta que ninguno tenemos ya ese reparo existente hace seis décadas frente a las escenas violentas o actuaciones poco coherentes de las autoridades.

Pero lo que más empujón le dio a Manos peligrosas fue el reconocimiento del registro de la Biblioteca Nacional del Congreso de los Estados Unidos, al admitirla como pieza propia de su colección.

Por lo que a mí respecta, Manos peligrosas es una muy película de cine negro que continúa a la sombra de los grandes títulos de su género y, a la vez, atenuada por las películas de Fuller más admiradas, como la que ya reseñé anteriormente, Una luz en el hampa. A pesar de esto, es una película con un gran interés y con mucho más que ofrecer de lo que muchas otras más conocidas han hecho.

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