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Hay películas que parecen tocadas por una varita y se adelantan varios años a la realidad. También hay películas cuyo mensaje puede parecer exagerado o ridículo y nadie se lo toma en serio. Y, luego, hay películas como Network, que aúnan esas dos cosas.

En España, se le puso un apellido: Network, un mundo implacable. Y en América se llamó Network, poder que mata. Son complementos que ayudan a describir la esencia del film, pero que podrían valer también para historias ambientadas más allá del mundo de la televisión.

Así es. No lo había dicho hasta ahora, pero Network trata sobre el mundo de la televisión y, más concretamente, sobre la dura lucha por las audiencias, algo que en los años setenta del siglo pasado, cuando se hizo esta película, no podía compararse a lo que ha llegado a suceder en tiempos actuales. O sí.

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¿De qué va Network?

Howard Beale (Peter Finch) trabaja presentando los informativos de la cadena televisiva UBS, pero los malos resultados de audiencia hacen que sus jefes le digan que ya no van a contar más con él, con tan solo dos semanas de antelación.

En lugar de aceptarlo con normalidad, Beale aparece en antena y anuncia su decisión de suicidarse en directo durante alguno de esos programas que le quedan por presentar. Esto provoca que los directivos de la cadena decidan apartarlo de las cámaras, aunque su productor y amigo, Max Schumacher (William Holden), consigue que le dejen despedirse de sus espectadores.

Beale sigue sin aceptar la situación y, una vez en antena, empieza a despotricar contra todo. A pesar de que esto no es lo convenido, la audiencia del espacio sube como las nubes y los directivos deciden mantenerlo en antena, ya que esto les traerá más beneficios.

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No solo eso, sino que a Beale le dan su propio espacio, “El show de Beale”, en el que se incluye un tiempo para sus divagaciones y, también, secciones de corte sensacionalista, con el único objetivo de aumentar los porcentajes de audiencia.

A la vez que esto sucede, Diana Christensen (Faye Dunaway) trabaja como productora y tiene una gran ambición profesional, tanto en términos individuales como a la hora de buscar los mejores resultados para su empresa. Junto a ella, el jefazo de la cadena, Frank Hackett (Robert Duvall), al que, como buen empresario, le importan más los números que otra cosa.

Ellos serán los encargados de dirigir y llevar al extremo el trabajo de Beale, para que rompa con todos los índices de audiencia.

Un mensaje premonitorio

Los años setenta nos quedan cada vez más lejos. Aquellos que los vivieron, es probable que digan que eran tiempos mejores en muchas cosas, una de ellas, la televisión. Pero hay que tener en cuenta que, si Lumet y, sobre todo, el guionista Paddy Chayefsky –uno de los guionistas más brillantes de la historia de Hollywood, ganador de 3 Oscars a mejor guion–, se lanzaron a por este tema de las audiencias y la lucha tan descarnada que se provocaba, era por algo.

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Network no hace más que describir la realidad desde un punto llevado a tal extremo que la deja al borde de la ficción. Eso debieron de pensar los espectadores de aquella época que, sin embargo, comenzaban a estar acostumbrados a los reality shows. Pero la realidad es que, ya hace medio siglo, al menos en Estados Unidos, el mercado televisivo era tan competitivo que las cadenas luchaban por la audiencia con todas sus armas. Sí, algo muy parecido a lo que sucede actualmente en otros países del mundo.

Network y un director que podría ser realizador televisivo

Cuando se hace una película sobre el mundo televisivo, aunque no exclusivamente, la dirección puede tener más influencia si cabe en el resultado final. Y es que, aunque sean imágenes y sonido en una pantalla, ambos medios utilizan un lenguaje audiovisual propio.

En Network, lo que hace Lumet, director versátil donde los haya, es plasmar una sucesión de escenas, personajes y acciones de un modo que se pueda entender fácilmente y, a la vez, con un ritmo que no da tregua. El ritmo trepidante, casi implacable, es algo muy característico de esos programas televisivos que pugnan por enganchar al espectador y darle carnaza, cuantas más mejor, para que no se vaya a la competencia.

Aquí, en realidad, no debería haber esa tentación. No te pongas Network si tienes la intención de ir alternando con otros contenidos. Por suerte, la tensión que consigue Lumet es la suficiente como para que no exista esa tentación. No querrás hacer zapping, ni zipping, ni nada por el estilo.

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Pero, además de su brillante juego con el ritmo y las distintas capas de la historia, lo que me fascina es el modo en el que es capaz de retratar ambas caras del mundo de la televisión: la que se ve y la que no se ve.

Tampoco voy a obviar aquí lo bien retratados y equilibrados que están los personajes principales. Cada uno de ellos cumple su misión en la historia, pero esto funciona porque frente a la cámara están auténticos artistas de la interpretación cinematográfica.

Nombres tan respetados todavía hoy en día, como Holden, Finch, Duvall y Dunaway, dan una ligera idea de la calidad que se nos delante. Cualquier director querría, hoy en día, contar con un elenco de protagónicos así de prestigioso y talentoso.

Network como película dura, cruda, difícil

Lo mejor de Network es que el espectador no recibe nunca una directriz. No hay posicionamientos detrás de estas cámaras, sino que se muestra una historia que podría resultar verosímil, casi más hoy que antaño, y no se toma partido. Resulta tan potente y tan elevada la crítica que no hace falta elegir bando. Es así, al menos en escenarios y momentos de la historia tan evidentes como éste.

Tal vez por esto, el mensaje que nos llega de Network sea una de las críticas más duras que podamos sentir sobre el mundo de la televisión. Ver algo que produce tal disgusto, tal desagrado, y sentir que no está manipulado desde el guion o desde la dirección, resulta todavía más potente. Es como un torpedo que golpea en las entrañas de la moral del espectador, para hacerle sentir culpable de lo que acontece y cómplice de la decadencia que vendrá en el futuro.

Ese torpedo es el que sigue resultando eficaz hoy en día. Chayefsky supo conseguir un objetivo que pudiera ser bombardeado a largo plazo, algo que solo hacen los grandes, porque solo las grandes películas pueden permanecer en el tiempo, como Network.

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Recepción y crítica de Network

La crítica de Network fue muy positiva en el momento de su estreno, allá por finales del 76. La verdad es que la mayoría de los críticos se posicionaron favorablemente, destacando el guion de Chayefsky y las actuaciones de los actores protagonistas.

Una de las críticas de Network que más puede llamar la atención es la de Roger Ebert, que tanto la alabó en su momento como años después, cuando confirmó ese reconocimiento hacia algunas de las figuras televisivas más sensacionalistas.

Pero lo más impresionante hoy en día es que Network esté prácticamente olvidada por el grueso del público. Ojo, que estamos hablando de una película que se llevó 4 Oscars y 4 Globos de oro. Una película que tiene un reparto envidiable. Una película que, vista hoy en día, sigue siendo actual, salvo por el estilismo de los personajes.

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Dime, tú, lector de un blog de cine como éste: ¿has visto Network? ¿Qué opinión te merece?

Espero que me dejes tus impresiones en los comentarios o, si lo prefieres, en mi cuenta de twitter.

Si te gusta esta película y quieres conocer un poco más de la obra de su director, no dejes de pasarte por mi entrada con las mejores películas de Sidney Lumet. O, si lo que te gustan son las películas sobre periodismo o medios de comunicación, también tengo mi lista con algunas imprescindibles.

1 Comment

  1. Félix Jaime dice:

    Network me impactó como un mazazo cuando la vi, a pesar de que en España estábamos a años luz de entender lo que significaba una guerra de audiencias, porque por aquel entonces seguíamos con dos únicos canales en nuestra televisión. Ni siquiera intuía que la historia iba a estar de rabiosa actualidad casi veinte años más tarde, y que sigue de actualidad ahora. Me impactaron los personajes, me impactó la ambición de casi todos ellos, me impactó la frialdad con la que se supedita a la audiencia la vida y la muerte, me impactó la caótica historia de amor entre Faye Dunaway y William Holden, me impactó esa frase lapidaria que pronuncia un personaje, en la oscuridad de un despacho, al hablar con el iluminado Beale: “No existe América. No existe la democracia. Sólo existe la IBM, la ITT, Union Carbide y Exon. Esas son las naciones del mundo hoy día”. Toda la película despide frialdad en un mundo despiadado en el que el valor del ser humano se mide por el canal que sintoniza en su televisión. Es una película de esas que cada vez que la ves te parece más de actualidad. Soberbia crítica, me ha encantado

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