ninotchka
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Ninotchka era la mujer que no reía. Lo mismo se decía de Greta Garbo, la maravillosa actriz que protagoniza esta genial película detrás de la que se encuentran dos de los nombres más importantes del Hollywood de la primera mitad del siglo XX: Ernst Lubitsch y Billy Wilder.

En lo que a nosotros respecta, Ninotchka es uno de los mejores filmes de aquellos años 30. Su guion, sus personajes y su dirección llevan décadas reconocidos como modelo de lo que una comedia romántica tiene que ser. Aquí te voy a explicar un poquito más por qué.

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¿Qué nos cuenta Ninotchka?

En el París de finales de los años 30, unos comisarios enviados por la Rusia soviética están encargados de vender unas joyas que pertenecen a una duquesa exiliada de su país debido al régimen comunista. Pero estos comisarios, alejados de la extrema pobreza de la URSS, se dedican más a pasar el tiempo rodeados de lujos y de la relajada vida que se respiraba en la Europa de entreguerras.

Para vigilar su trabajo y conseguir agilizar los trámites que permitan esa venta, con cuyo dinero se podrá ayudar a paliar la hambruna que asola a los rusos, llega Nina Ivanovna, también conocida como Ninotchka, fiel paradigma de la rectitud y austeridad imperante en el régimen estalinista.

Una vez allí, Ninotchka conoce al conde d’Algou (Melvin Douglas) que encarna todo lo opuesto a los valores que ella defiende y que, por su amistad con la duquesa, es también el encargado de distraer a los comisarios de sus labores. Pero el conde cae rápidamente enamorado de la fría Ninotchka, y utiliza todas sus armas para que ella también olvide su frialdad y se deje seducir.

Los años 30, años de comedias románticas en Hollywood

Eran los años treinta la época gloriosa de las comedias románticas en Hollywood y Ninotchka es un gran ejemplo de éstas. Con un guión arquetípico de personajes opuestos que, cómicamente, van riñendo y enfrentándose el uno al otro y a sus características, Lubitsch aprovecha aquí para demostrar que no tenía dificultad alguna en desarrollar personajes coherentes con cuatro simples trazos en cuatro situaciones más o menos cotidianas.

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Es algo que también demostró en otras películas como El bazar de las sorpresas (The Shop around the corner, 1940) y una fórmula que se pudo observar en otras muchas de las llamadas comedias sofisticadas, o screwball comedies.

Lo que aquí puede destacar, y frecuente en el cine posteriormente dirigido por Billy Wilder, es la crítica política. Mordaz, afilada y certera. Pero con un humor característico que también la convierte en atemporal. Dicen que este tipo de críticas son las que menos gustaban a los dictadores y autoritarios y, precisamente, con ese reclamo fue con el que se publicitó Ninotchka. “Seguro que a Stalin no le gusta”.

Ninotchka y la diferencia entre los dos bloques antes de que existieran

Cuando se estrenó Ninotchka, el escenario político era más que tenso en Europa. Pero en América se veía como algo lejano, que podría salpicar, pero todavía no. Eso, claro, para el espectador medio. Para Lubitsch y Wilder, entre otros muchos de los que habían llegado en esos últimos años a la costa oeste americana, el asunto era más preocupante.

Tal vez por eso, ocho décadas después de su estreno, el guion tenga todavía más mérito. Fueron muchos los años que tuvieron que pasar para que la gente se diera cuenta de que lo que se retrata en Ninotchka como una caricatura era algo real. Pero esa caricatura, que hoy podría parecer cruel, es una de las claves que hacen que la historia funcione.

Porque bien es cierto que los americanos o los europeos occidentales no vivían entre tantos lujos como el conde o los mismos comisarios en su hotel parisino, pero sabían que estaban ahí y existían, y no les extrañaba la tranquilidad y la buena vida de la que tanto se escandaliza la estricta Ninotchka al llegar.

Pero, del mismo modo, aunque contado con el humor que luego veríamos tantas veces en otros guiones y películas de Wilder, también vemos el lado opuesto, el del Moscú asolado por la pobreza, la falta de recursos y, sobre todo, el miedo. Ese contraste, que tan bien funciona en este tipo de películas, no resulta forzado.

Sí es cierto que, por la época y la situación política en la que se estrenó, pueda parecer pura propaganda política en contra del comunismo, pero no hay que centrarse en eso y sí en la calidad que atesora en todos sus aspectos.

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Recepción y crítica de Ninotchka, donde Garbo ríe

Éste fue el lema principal para promocionar la película. Se decía que Garbo nunca reía y aquí lo hacía holgadamente. Entre esto y el chascarrillo de Stalin, no extraña que mucha gente tuviera curiosidad.

Esa frase de que “Garbo ríe” fue la que inspiró la historia en general, pero fue una ocurrencia a partir de otra frase publicitaria anterior, de 1930, en la que se decía que “Garbo habla” para promocionar su primera película sonora, Anna Christie (Clarence Brown, 1930).

No hace falta decir que esta película estuvo prohibida en la Unión Soviética y en los países satélite de la dictadura comunista. A pesar de esto, algo me hace sospechar que Stalin sí llegó a verla en algún momento antes de su muerte.

La crítica en el momento de su estreno fue positiva y Ninotchka consiguió buenas cifras en taquilla. Insisto, con los reclamos de la mejor Garbo y con un guion tan atractivo en esos años como éste, tenían medio camino hecho.

Ninotchka obtuvo cuatro nominaciones a los Oscar, pero no consiguió llevarse ninguna. De todas maneras, el mejor premio de todos es el que ostenta en la actualidad, el de seguir teniendo el cariño y favor del público después de tantos años. Estoy seguro de que Garbo también se reiría si lo pudiera ver.

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