noche en la ciudad

Noche en la ciudad

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Noche en la ciudad (Night and the City) fue la primera película que Jules Dassin dirigió en Europa tras su marcha forzada de Hollywood. La caza de brujas llevada a cabo allí en 1949 hizo que muchos cineastas pasaran al ostracismo o, directamente, tuvieran que emigrar, como es el caso de éste.

Por suerte, Dassin pudo seguir haciendo cine y dándonos grandes títulos. Algunos han tildado a Noche en la ciudad como una película americana rodada en Europa. En gran parte, este argumento no adolece de razón, aunque también es una película muy europea de posguerra, sobre todo por el carácter de su protagonista, interpretado magistralmente por Richard Widmark.

La historia de Noche en la ciudad

Harry Fabian (Widmark) es un estafador de poca monta, un rufián, un tipo pícaro que sobrevive escapando de sus acreedores y que sueña con dar el gran pelotazo de su vida. En cambio, su novia Mary (Gene Tierney), se muestra mucho más comedida y conservadora. A ella lo que le apetece es sentar la cabeza y formar una familia.

No quiere aventuras de inversiones poco seguras y no le convence el estilo de vida que está llevando Harry. De hecho, se le nota un miedo creciente a las locuras que puede cometer o a los líos en los que se puede ver envuelto.

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Harry se mueve como pez en el agua en la noche londinense. Es como una serpiente que se escurre entre callejones, como una rata que navega por las alcantarillas. Y así es como se nos presenta desde el comienzo de Noche en la ciudad. Y, como la rata que encuentra un buen trozo de comida en un golpe de suerte, Harry consigue una noche hacerse amigo de Gregorius (Stanislaus Zbyszko), el luchador más famoso del mundo, y conseguir su ayuda para abrir un nuevo club de lucha libre.

El problema es que, para ello, tendrá que superar la oposición de Kristo (Herbert Lom), uno de los hijos de Gregorius y actual capo de las noche de lucha en todo Londres. También tendrá que conseguir dinero para arrancar su negocio, así que acude a su conocido Philip Nosseross (Francis L. Sullivan), propietario de uno de los garitos de moda, el Silver Fox.

La figura femenina en Noche en la ciudad

Las dos mujeres presentes en la historia, aunque no tienen el papel más protagónico de la historia, sí que resultan tremendamente influyentes. Cada una a su modo, ya que se nos presentan como figuras opuestas. Una, que quiere ayudarlo y que siente verdadero amor por él, llegando a decir que Harry es un artista sin arte, para justificar sus vaivenes y los problemas en los que se está metiendo.

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La otra, Helen Nosseross (Googie Withers), que se aprovecha de las debilidades de él para manipularlo y conseguir sus objetivos se nos aparece desde el primer momento con un aura de maldad y picardía que da muy mala espina. Estos dos personajes servirán para dar un equilibrio a una historia que Dassin tuvo que terminar en pocos días y en una situación personal bastante complicada.

Un apunte interesante sobre la lucha libre

Muchos de los espectadores actuales conocerán el noble deporte de la lucha libre más por los espectáculos que se televisan desde Estados Unidos y México que por el puro deporte olímpico y tradicional. Las empresas promotoras de lucha libre de Estados Unidos, principalmente, son máquinas de hacer dinero y tan solo desde finales de los 80, debido a temas fiscales, reconocen que sus combates están guionizados, coreografiados y son, en definitiva, ficticios.

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Pero este tema, que tanto aleja a los puristas de la lucha libre de los programas actualmente televisados, adquiere gran importancia en Noche en la ciudad. Ésta es la razón por la que Gregorius rompe con su hijo Kristo y da paso a la aventura definitiva de Harry. Pero esa confrontación entre la lucha libre pura y el teatro guionizado también se representa en un momento dado cuando Gregorius se enfrenta a The Strangler en el ring.

Es uno de los momentos cumbre de la película, que no permite pestañear y que, a pesar de no gozar de grandes artificios ni de una realización multicámara, resulta completamente emocionante. Y cabe pensar que, a pesar de ser también una pelea ficticia y guionizada, funciona mucho mejor que los saltos y las telenovelas dichosas.

La caza de brujas de Dassin

Esos años de posguerra fueron muy duros en Hollywood, sobre todo para todos aquellos actores, directores y guionistas sospechosos de ser de izquierdas. El caso de Dassin fue uno de los más sonados, ya que tuvo que salir por patas, ayudado por Darryl F. Zanuck, quien le encargó esta película en Londres.

Conociendo su situación personal, es complicado no ver las semejanzas entre la situación de Harry Fabian y la suya propia. Un tipo que tiene que salir corriendo siempre, aunque haya encontrado su arte, y que se ve traicionado después de un cúmulo de malas jugadas y mala fortuna.

Widmark consiguió aquí la mejor interpretación de su carrera. Un antihéroe desesperado, que, a pesar de ir siempre vestido como un pincel, parece que no le llega la camisa al cuello, se pasa la película sudando y en todo momento parece tener miedo de todo el mundo. Qué duro pensar que Dassin se sintiera así por las acusaciones de algún rival profesional.

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La crítica y Noche en la ciudad

El cine negro estaba en pleno auge en esos años y esta película encajaba a la perfección en lo que el público, a priori, podía pedir. Digo a priori porque, a pesar de ser una buena historia, no acabó de funcionar todo lo bien que se esperaba, sobre todo en terreno norteamericano, cuya versión difería bastante de la británica.

Y es que una historia así de agobiante y triste, con un antihéroe tan marcado y fracasado, llevó a comentarios negativos por parte de algunos medios de comunicación. Incluso hubo algún apunte que habló de ella como film gris, desmarcándola del género negro hacia un subgénero con tendencias izquierdistas.

Con el paso de los años, y un mayor reconocimiento del cine negro por una mayor parte de la crítica y los espectadores, la opinión global de Noche en la ciudad ha subido enteros. Actualmente, es un título más que habitual en las listas de cine negro y en esas recopilaciones que recuerdan las mejores películas de cada década.

Por supuesto, también hay muchos que la consideran la obra maestra de Dassin, aunque para un servidor no llega a la altura de, Rififi, dirigida en Francia tan solo unos años después.

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