rebelde sin causa

Rebelde sin causa

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Rebelde sin causa (Rebel Without a Cause) es una película dirigida por Nicholas Ray en 1955. Su título, que ya supone por sí solo todo un icono del cine y del carácter de la juventud de esos años, está íntimamente ligado al rostro de su protagonista, James Dean. Éste, uno de los actores más legendarios de la historia del cine, no pudo llegar al estreno de Rebelde sin causa por su prematura muerte en un accidente de coche. Pero ésa es otra historia.

Rebelde sin causa no es una película famosa solo por la trágica historia de su protagonista en la vida real. Aunque haya que darle grandes agradecimientos a la participación de James Dean, la dirección de Ray, vista con la distancia que da el tiempo, también permite identificar aspectos artísticos y visuales muy interesantes.

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¿Qué cuenta Rebelde sin causa?

El protagonista de Rebelde sin causa es Jim Stark (James Dean), un joven que intenta adaptarse en su nuevo lugar de residencia pero que es, a la vez, un adolescente muy rebelde. En este sitio, conoce a otros jóvenes como Platón (Sal Mineo), Buzz (Corey Allen) y la bella Judy (Natalie Wood), con los cuales va labrando una relación de amistad y enemistad que no será más que el reflejo de su dificultad para integrarse en un nuevo entorno.

Pero ese reflejo es también la proyección de un estereotipo de joven que comenzaba a crecer en los Estados Unidos de los años 50. Sí, esos años en los que el crecimiento económico y el desarrollo industrial proporcionaba una mayor estabilidad y comodidad en las familias. Y ya se sabe, cuando hay menos necesidades y obligaciones, hay más tiempo para enredar, que era lo que hacían principalmente estos muchachos de la película.

La rebeldía de Jim era contra sus compañeros e iguales, contra sus padres y su modo de pensar, y, por supuesto, contra la autoridad pública. Pero, a diferencia de otras muchas películas en las que vemos que al héroe o protagonista se le están continuamente apareciendo problemas y situaciones injustas, aquí no. Jim es un rebelde sin causa con todas las letras. Y no es que su vida sea literalmente un camino de rosas, pero su reacción de insatisfacción es absolutamente desproporcionada.

Un éxito instantáneo

La sola presencia de James Dean en esta película podía garantizar éxito comercial y económico. Y, sin duda, su fallecimiento tan solo cuatro semanas antes del estreno fue uno de los factores que más influyeron en ello. Pero también que el tema que trata y que el resto de los actores y trabajadores hicieron una grandísima labor.

La crítica especializada se dividió entre los que la alababan y los que la despreciaban. Con una excepción, el trabajo de James Dean fue elogiado por todos y cada uno de los periodistas que acudieron a verla en esos primeros días. Otra cosa fue la impresión que causó en la Academia, donde tanto Nicholas Ray, como Sal Mineo y Natalie Wood fueron nominados en sus respectivas categorías.

Sea como fuere, al público sí le encantó y le atrajo en masa. Rebelde sin causa llegó a ingresar más de 7 millones de dólares en todo el mundo, lo cual fue un gran éxito para la Warner. Desconocemos la cifra real de cuánto ha podido ingresar gracias a ella hasta la fecha, pero suponemos que bastante más.

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¿Está Rebelde sin causa sobrevalorada?

Esto es algo de lo que se ha hablado mucho. Es lógico. La imagen de Rebelde sin causa está tan ligada a la del James Dean real que mucha gente ha conocido la película solo por su protagonista legendario. Esto, como hemos dicho, se debe a su trágica muerte cuando contaba con tan solo 24 años. Pero también a que su accidente de coche de algún modo tiene mucho que ver con la rebeldía de la juventud americana.

Así, durante mucho tiempo, Rebelde sin causa se había considerado la típica película con atractivo comercial y morboso por ser la última de James Dean, la que no pudo ver estrenarse. Paradójicamente, de las tres películas en las que actuó, fue la única por la que no logró nominación al Oscar. Las otras dos, por Al este del edén (East of Eden. Elia Kazan, 1955) y Gigante (Giant. George Stevens, 1956) fueron nominaciones póstumas.

Pero tenemos que hacer una defensa de esta película y del trabajo de Ray. Lo primero, por lo atrevida que fue su propuesta tras la cámara para conseguir un mayor impacto gracias a planos subjetivos y al juego de diferentes planos. Pero, sobre todo, porque plasmó con tremendo acierto una especie de movimiento que se estaba viendo no solo en la sociedad, sino también en el cine, sobre la juventud rebelde norteamericana.

Y sí, vista hoy en día puede parecer incluso inocente, pero consigue hacernos llegar una preocupación y unos sentimientos muy propios de aquellos años para la gente adulta. Tanto es así que, en 1990, y ya pasada la moda de James Dean o del desarrollo de los años 50 en Estados Unidos, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos la incluyó en su registro fílmico nacional por resultar cultural, histórica y estéticamente significativa.

1 Comment

  1. Victor dice:

    Cierto, hoy día se ve muy desfasada, pero en este tipo de films hay que ponerse en el contexto de aquellos años. Buena película.
    Un saludo

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