sexy beast ray winstone
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Sexy beast es la primera película dirigida por Jonathan Glazer, allá por el año 2000, y con Ray Winstone, Ben Kingsley e Ian McShane como trío protagonista. En realidad, el título puede despistar un poco, ya que la película va sobre robos, gángsters e ingleses duros.

sexy beast posterAmbientada en gran parte en el sur de España, Sexy beast empieza siendo la historia relajada de Gal (Winstone), un ex convicto inglés que, tras pasar nueve años en la trena por un robo que salió mal, ha decidido retirarse a la costa mediterránea con su atractiva mujer Deedee, ex actriz porno. Allí vive en una casa con todas las comodidades que uno puede necesitar, y también con la cercanía de su mejor amigo, Aitch, y la esposa de éste, Jackie.

Pero no es oro todo lo que reluce, y menos aún si reluce como el sol de Almería, ya que, cuando menos se lo espera y más feliz parece ser, sobre todo después de salvar in extremis su vida, Gal recibe la visita de Don Logan (Kingsley), que pretende conseguir, como sea, llevarse a Gal a Londres para un nuevo trabajo.

La verdad, la película va pintando bien, con su tono un poco irreverente y desenfadado desde el principio, pero es en este punto cuando todo salta por los aires. Kingsley hace un papelazo inolvidable como ese matón inglés que, aunque parezca que tiene rabietas, lo que tiene realmente son prontos muy peligrosos y violentos, con una verbalidad terriblemente prolífica a la hora de repartir insultos y amenazas.

sexy beast kingsley

La última pieza es Teddy Bass (McShane), un verdadero mafioso sin escrúpulos, que no deja de ser el jefe de toda la operación y que llega a dar más miedo que el mismo Don.

La mayor fuerza de Sexy beast reside, sin duda, en los personajes y en los diálogos. El guión es muy potente en este aspecto, y aunque la trama no es excesivamente compleja, tiene puntos muy conseguidos, tanto de humor, como en los cambios de acto. Y, con buenos personajes, también buenos actores, lo que hace que todo vaya rodado.

La película no tuvo el éxito esperado en las salas comerciales de su país, aunque en Estados Unidos la crítica se volcó con la interpretación de Kingsley, que fue nominado a prácticamente todo. Hoy en día, la película es recordada por una pequeña legión de admiradores de este cine más independiente pero con talento, que cuenta historias sin complicaciones y las hace entender a la perfección, aunque sea a base de una cantidad de palabras mal sonantes que son difíciles de conjuntar en otros contextos. Y no seré yo el que lo haga aquí. Hay que verla para disfrutarlas en su plenitud.

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