testigo de cargo witness for the prosecution

Testigo de cargo

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Billy Wilder era uno de esos directores que, hicieran lo que hicieran, lo hacían bien. No hay película suya que se pueda considerar mediocre, y eso que fueron muchas las que dirigió, magistralmente, tocando varios géneros muy distintos entre sí.

Testigo de cargo (Witness for the Prosecution) es un ejemplo evidente de lo anterior. Aunque bien es cierto que la base era buena, ya que el texto original corresponde a Agatha Christie, de quien no podemos dudar su calidad a la hora de crear historias, aparte del buen ojo sobre qué obras adaptar para el cine, y saber hacerlo con maestría sobre el papel, Wilder plasmó en la gran pantalla una de las mejores películas encuadradas en el género del drama judicial.

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Aquí, los protagonistas son Wilfrid Robarts (Charles Laughton), un eminente abogado ya en retirada, y Leonard Vole (Tyrone Power), que está acusado de asesinar a una anciana con la que tenía una buena relación. Por la dificultad y el interés que puede provocar este caso, Roberts acepta defender a Vole, pero cuando la mujer de éste, Christine (Marlene Dietrich), aparece en escena, todo cambia.

Como hemos dicho, la buena fuente de la que bebe el argumento de Testigo de cargo es fundamental en esta película. Los giros y sorpresas que en ella acontecen son claves por su ingenio y por su astucia, además de por su coherencia y dinamismo, y hacen disfrutar a los espectadores primerizos como otras pocas películas lo consiguen. De hecho, parte de su campaña promocional consistió en avisar a los espectadores de no revelar ninguna parte del argumento para no estropear el espectáculo a aquellos que desconocieran la historia.

El gran reparto, en el que no sólo destacan las tres grandes estrellas protagonistas, sino también secundarios como Elsa Lanchester, que recibió una nominación al Oscar por este trabajo, ayudó enormemente al éxito de Testigo de cargo. La crítica aplaudió el trabajo de Wilder en la dirección y adaptación del guión de Christie, y tanto los premios especializados como el público lo respaldaron con una gran afluencia a las salas, llegando a triplicar en recaudación lo invertido en la producción.

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Como nota curiosa, cabe decir que en los años ochenta se hizo un remake para televisión en el que actuaron, entre otros, Ralph Richardson, Deborah Kerr, Beau Bridges y Donald Pleasence.

A pesar de que ya son muchos los años que han pasado desde su estreno, su calidad la mantiene como uno de los dramas judiciales de referencia y, también, como uno de esos clásicos que resultan imprescindibles. Para nosotros, ha de ser también una obra maestra y, cómo no, un ejemplo del talento de Billy Wilder a la hora de contar historias, ya fueran de un género u otro.

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