un mundo perfecto a perfect world

Un mundo perfecto

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Un mundo perfecto (A Perfect World) fue un puñetazo en la mesa por parte de Clint Eastwood. Tan solo un año después de triunfar con su maravillosa Sin perdón (Unforgiven, 1992), volvió a coger la pistola y, dejándole el protagonismo a Kevin Costner, y a un crío llamado T. J. Lowther, nos regaló una de las películas más bonitas de los años noventa.

Qué nos cuenta Un mundo perfecto

Butch Haynes y su compañero de prisión Pugh se escapan de la cárcel y, para culminar su fuga, se llevan a un niño como rehén. El problema es que Haynes y Pugh son muy distintos, y Haynes, a pesar de su historial delictivo, no tarda en mostrarse como un tipo justo que aplica mano dura o cariño según se requiera.

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Esto rápidamente conlleva que se deshaga de Pugh y continúe su escapada solo con el pequeño, con quien traba una amistad de las que no se olvidan y comienza el viaje hacia Un mundo perfecto.

Durante ese viaje, los persigue el implacable sheriff Garnett (Eastwood) que, con la ayuda de Sally Gerber (Laura Dern), va entendiendo cada vez más el modo de pensar y de actuar de Haynes.

Quién no ha soñado con Un mundo perfecto alguna vez

Hay cosas que sólo se pueden imaginar, y eso es lo que hace tan especial al cine, porque es capaz de plasmar los sueños y las esperanzas de la gente en imágenes. Pero hay cosas que, incluso en el cine resultan imposibles, porque nos cuesta creenos algo así.

Esto puede suceder al pensar en un mundo perfecto, tal vez porque sea algo tan inabarcable que nunca nos lo hemos planteado seriamente o porque resulta complicado que algo sea perfecto para todos e imperfecto para nadie.

Y resulta que, para Buzz y para Haynes, un mundo perfecto es algo tan simple y, a la vez tan complicado, que pocos lo podríamos entender sin verlo. En pocas palabras, se podría decir que un mundo perfecto para ellos es aquel en el que descubren una amistad a priori difícil, pero que desde pronto se muestra sincera y llena de sentimientos.

Sin verlo, es complicado de entender y, aunque nosotros, como espectadores, lo vayamos pillando a la primera, no es así con los que no están en nuestro lado de la pantalla, como le sucede al sheriff Garnett.

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La justicia de unos y de otros

No vamos a juzgar aquí a los hombres que actúan según la justicia dicta, porque partimos con demasiada ventaja. En concreto, la ventaja que nos da Eastwood a la hora de tratar esta bonita historia sobre un preso que se fuga y se lleva consigo a un niño de ocho años.

La bonita amistad que se traba entre ambos protagonistas, sin duda atractiva por las tremendas diferencias entre los componentes de esta relación, es la clave de que esta película sea lo que es y guste al que la vea.

No estamos ante un héroe incorrupto, ni siquiera ante un hombre que respete la ley o, al menos, sea buena persona. Pero también es alguien que nos muestra que dentro de los malos hay cosas buenas, y eso lo hace más real, más cercano.

Porque tampoco parece creíble un niño como Buzz, o sí, o es que nos lo terminamos de creer porque él aprende muchas cosas de Butch, cosas que en su casa jamás vería y cosas que un niño jamás podrá olvidar. Y no todo es bueno, ni todo es malo. Es como es, como la vida, y como tal, nos la creemos.

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Recepción y crítica de Un mundo perfecto

Eastwood vuelve a convertirse en un gran contador de historias con Un mundo perfecto, de manera valiente y sin complejos. En esta ocasión, cede el protagonismo interpretativo a Kevin Costner, un actor que estaba en la cima de su popularidad y que cumple maravillosamente al lado de uno de esos críos que cada poco nos saca el cine americano para maravillarnos, aunque luego todos nos olvidemos de él.

Obviamente, con Eastwood en plena forma y fama, y Costner protagonizando, Un mundo perfecto se convirtió rápidamente en un éxito de taquilla y también de crítica. No tuvo grandes reconocimientos en los festivales y en los premios, pero eso da igual. Hoy en día, más de veinte años después de su estreno, se sigue recordando como una muy buena película, de las mejores de ese año y, también, de las mejores de la filmografía de Clint Eastwood.

Esto, teniendo en cuenta que ha firmado grandísimos títulos, lo cual la hace hasta parecer infravalorada. Pero, sin ninguna duda, es una película para mantener en la videoteca, revisar de vez en cuando y, cómo no, disfrutarla como la primera vez, porque es de ésas que, una vez en la pantalla, engancha hasta el final.

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