Una luz en el hampa

Una luz en el hampa

Una luz en el hampa

A la hora de analizar Una luz en el hampa, podríamos comenzar por su título, que nada tiene que ver con el original, A Naked Kiss. Éste, además de formar parte directa del argumento, comunica de un modo mucho más acertado el estilo y el espíritu de esta película. Porque, para el que no lo sepa todavía, Una luz en el hampa es puro Samuel Fuller. Y no, no va de gente que se besa sin ropa.

¿Qué quiere decir que Una luz en el hampa es puro Samuel Fuller?

Samuel Fuller es un director que se caracterizó por su rebeldía ante el establishment de Hollywood y, en general, de toda la sociedad norteamericana. Desde sus inicios, siempre quiso tener el control sobre sus películas, llegando a constituir su propia productora y a enmarcarse en el cine independiente.

Tal vez por eso nunca llegara a ser tan conocido como muchos de sus coetáneos y, lo que es peor, algunas de sus películas ni siquiera tuvieron la oportunidad de estrenarse en forma y tiempo.

Una luz en el hampa

Una luz en el hampa es paradigma del cine de Fuller. Lo es porque, con un presupuesto mínimo, no le queda más remedio que basarse en la fuerza de sus imágenes y en unas interpretaciones descarnadas. Pero, sobre todo, en una historia que se rebela, como su director, contra la visión idealizada de la vida en Estados Unidos que muchas otras películas sí que trataban de mostrar. Y lo consigue.

Qué nos cuenta Una luz en el hampa

Kelly (Constance Towers) es una mujer que trata de huir de su pasado como prostituta y se muda a una ciudad llamada Grantville. Pero en su nuevo destino, aunque consigue un trabajo como enfermera, en el que la valoran mucho, y se promete con el hombre más apreciado y respetado del lugar, descubre que las cosas no son tal y como aparentan.

Como en muchas películas de los años cuarenta y cincuenta, sobre todo algunos títulos de género negro y de crimen, Una luz en el hampa se ambienta en una ciudad de tamaño relativamente pequeño. Esas ciudades que pasan desapercibidas pero que, en el fondo, son representativas de cómo es la vida real de un país como Estados Unidos.

Sí, no te vayas a lo más movido de Manhattan, ni a las playas de California si quieres ver cómo es de verdad aquel país. En un sitio como Grantville es donde podrás ver cuál es en realidad la catadura y el estado moral de un país y a este lugar es al que nos lleva Fuller.

No voy a acusar a los Estados Unidos de ser el único lugar del mundo donde los caciques, gente poderosa y demás politicastros campan a sus anchas. Pero es cierto que el cine de aquellos años trataba de exportar otro tipo de imagen al exterior.

Fuller no se casaba con nadie y tampoco trataba de buscar un favor del público más accesible. Le interesaba la denuncia de lo injusto y hacerlo a través de historias más directas, como ésta.

Una luz en el hampa

Kelly, una heroína poco habitual

Tampoco quiero idealizar esta película en este sentido. Es rompedora y golpea duro, mucho más duro que sus coetáneas más conocidas. Pero Fuller no se atreve a romper con todas las costumbres cinematográficas de aquel entonces. Tal vez por su educación cinematográfica, porque se diera cuenta de que podía ser demasiado o porque, simplemente, no se contemplaba otra opción hace casi seis décadas, la resolución de la película es mucho más convencional.

A pesar de cumplir con una de las premisas clásicas del Hollywood más comercial, no se puede decir que la protagonista sea la encarnación de ese héroe casi perfecto e incorruptible que poblaba la gran pantalla americana. Lo primero, y algo que no era tan habitual por aquellos años en el cine, porque es una mujer. Y esto, aunque ahora sea lo más natural del mundo, tiene su valor para una película estrenada en los sesenta.

También hay que ser valiente para apostar por alguien que sale del mundo de la prostitución y, aunque reconduce su vida con un buen trabajo y una buena actitud hacia los demás, sigue mostrando un carácter impulsivo y violento. Buena mano en el guion y la dirección para, con detalles continuos, hacer que todos los espectadores pasemos eso por alto, a favor de sus buenas acciones y sus continuos gestos compasivos.

Claro que la propia Constance Towers pone todo para que esto suceda, con una actuación digna de elogio que, ya desde el primer plano, nos avisa de que no es una mujer corriente y que no la vamos a olvidar tan fácilmente.

Recepción y crítica de Una luz en el hampa

Como ya comenté al principio, la relación de Fuller con la industria del cine no era la mejor posible. Y sus producciones, por desgracia, sufrían el boicot continuo de quien se pudiera interponer. En el caso de Una luz en el hampa, al igual que sucedió con Corredor sin retorno (Shock Corridor, 1963), la distribución fue muy limitada, con malas referencias o inexactitudes por parte de listados y clasificaciones.

De hecho, en el Reino Unido no estuvieron disponibles hasta 1990, debido a la ausencia de reconocimiento por parte de la British Board of Film Classification.

Una luz en el hampa 7 1

A Una luz en el hampa, el desprecio de alguna crítica la ha llegado a situar en listas de películas malas, aunque entretenidas, algo difícil de explicar. Sin embargo, hasta se puede agradecer, ya que, para estas películas, cualquier palabra, sea positiva o negativa, no hará más que mantenerlas vivas, por mucho que el tiempo las quiera enterrar. De las mías, espero que se haya inferido que, además de disfrutarla, no es para nada mala.

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