viridiana
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Viridiana es una de esas películas buenas que, por fortuna o por desgracia, surgen en una época y en un lugar determinados que parece que no le van a ser favorables. De hecho, no lo fueron.

viridiana posterLa España de principios de los años sesenta no era el espacio artístico idóneo para un cineasta como Buñuel, y mucho menos para una historia como la que sucede en esta película, sobre la fe católica y la bondad de las personas.

Como solía ser habitual en el director aragonés, se aventuró en unos temas bastante profundos con un descaro poco habitual para el cine español de aquellas fechas, pero sí frecuente en otros países y ambientes artísticos. Tal vez por ello resulte aún más curioso que eligiera rodarla en tierras castellanas, seguramente a sabiendas del riesgo que iba a correr y de la polémica que se iba a desatar.

La película fue presentada en el Festival de Cannes, y ganó. Pero rápidamente salieron las voces contrarias a que una producción así pudiera salir de un país tan católico como la España franquista, y se prohibió su exhibición, tanto aquí como en Italia. No sólo eso, sino que se ordenó destruir todas las copias que se encontraran, a fin de que tamaño pecado no pudiera ser exhibido en ninguna pantalla a lo largo del mundo.

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Afortunadamente, se salvó alguna copia de la quema y la película se distribuyó como producción mejicana, logrando así la difusión que se merecía por su calidad artística y con mucha mayor repercusión por la total oposición de los más conservadores.

En España sólo se pudo estrenar a finales de los años setenta. Tal vez ya había pasado el fervor religioso para esas fechas, pero también había cambiado el atrevimiento en el cine, y Viridiana ya no iba a ser tan transgresora como lo había sido en su día. De todas maneras, al haber sido un título prohibido, se había convertido, como el nombre de otra película de Buñuel, en un oscuro objeto de deseo que, también, se transformó en culto.

Hoy en día, con todos los espectadores ya curados de cualquier espanto televisivo o cinematográfico, Viridiana no supone un insulto ni una gran novedad. De todas maneras, sí que resulta muy interesante su visionado, ya que la calidad que hay detrás de las cámaras y, también, en las interpretaciones de Silvia Pinal, Fernando Rey y Francisco Rabal, son merecedoras de gran atención.

Podemos decir que Viridiana es una de las películas españolas más relevantes en la historia del cine, aunque en su día fuera repudiada, seguramente de manera bastante hipócrita por muchos, y casi destruida. Menos mal que no fue así, y hoy podemos disfrutarla sin tener miedo a censuras ni protestas.

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2 Comments

  1. Luis Betrán dice:

    LAS DOS PELÍCULAS ESPAÑOLAS DE BUÑUEL

    Vaya por delante que es “Viridiana” la más famosa y considerada, tanto por la cinefilia española como por la crítica nacional y extranjera. Incluso el recientemente fallecido Andrew Sarris – el hombre que prácticamente tradujo las teorías, filias y fobias de “Cahiers du Cinéma” a las revistas especializadas estadounidenses – se rendía ante esta película mítica por razones cinematográficas y extracinematográficas. “Viridiana” es, obviamente, una de las obras maestras de Buñuel que mayor unanimidad han concitado. Vaya también por delante que considero a “Tristana” (1970) tan solo por debajo unos muy livianos escalones, y otra obra maestra sin mácula alguna. Ambas deben no poco a Galdós (la más famosa vía “Halma”, la menos ensalzada por tratarse de una adaptación libérrima de una de las peores novelas del gran escritor canario, filmada en color con Catherine Deneuve, Fernando Rey (en el papel de su vida, trasunto parcial del propio don Luis) y Franco Nero. Las dos fueron coproducciones aunque el mayor capital fuese español. Sorprendentemente, o no, Cahiers du Cinéma al finalizar sus años de rojerío – los “estados generales” (guiño a Termidor o a Brumario), creados por Godard tras mayo del 68 y en los que la revista castigó a sus incondicionales ¡¡¡no eligiendo las mejores del año!! – publicó bastantes años después una relación de las “meilleures” de los 70, y en ella “Tristana” ocupaba el lugar nº 2 o 3, creo recordar. Y, finalmente, vaya asimismo por delante que, en puridad, no se puede considerar “Tierra sin pan” (La terre sens pain) o “Las Hurdes” (1930) como un film español. Cierto que se financió con el billete de lotería premiado del anarquista oscense Ramón Acín, pero siempre ostentó nacionalidad francesa.

    VIRIDIANA, 1961

    “Viridiana” es, probablemente, la mejor película de la historia del cine español y la que marca el retorno de Buñuel a España . Exiliado desde la Guerra Civil había prometido solemnemente no pisar suelo español mientras persistiera la dictadura franquista. La película – como todas españolas de aquella época – pasó por una censura previa del guión que obligó a Buñuel a modificar su primitiva historia en la que “mi heroína iba a tocar la puerta de la recámara de su primo y lo encontraba en la cama con la criada (Margarita Lozano), la cual se marchaba y Viridiana tomaba su lugar. La censura encontró escandaloso que un hombre – fuera del matrimonio – tuviera relaciones con dos mujeres sucesivas. Entonces imaginé sustituir este desenlace por una partida de tute con tres jugadores: el hombre, la sirvienta y Viridiana. Y ahora estoy avergonzado de mi primer final: era demasiado directo, demasiado grosero” (Luis Buñuel: “Mon dernier soupir”). En efecto, resulta mucho más sutil y sarcástica la frase que Francisco Rabal (Jorge) le espeta sonriente a Silvia Pinal (Viridiana): “ya sabía yo que mi prima acabaría jugando al tute conmigo”. Este nuevo desenlace obtuvo la aprobación de los censores y la película dio comienzo el 4 de febrero de 1961. Buñuel había incumplido su antigua promesa pero le marcaba a Franco y sus inquisidores un auténtico gol olímpico. “Viridiana” resultaría ser una película violentamente blasfema.

    En principio el film había sido invitado a título particular al Festival de Cannes, pero como no existía representación oficial española en el certamen, se estudió la posibilidad de que “Viridiana” asumiese ese papel. Tras la obligada visión por parte de los censores – debían estar dormidos en la secuencia de la parodia de la “Ultima Cena y el “aparato” que utiliza Lola Gaos para hacer la fotografía levantándose las faldas -, se obtuvo el reticente acuerdo de la Junta de Productores que opinó en principio que el film carecía de calidad (¿???) para poder representar a España en un Festival Internacional. Como las mezclas se estaban haciendo en Paris, y Buñuel pasaba por un período de mala salud, el tiraje de la copia se retrasó y la proyección, prevista para mediados del Festival, únicamente pudo tener lugar el último día de la competición. Al día siguiente se hacía oficial la noticia de que el film – ex aequo con “Une aussi longue absence” de Henri Colpi – había obtenido la Palma de Oro, y esa misma noche el Director General de Cinematografía, Muñoz Fontán, subía al escenario a recoger el premio. La reacción del órgano vaticano “L’Osservatore Romano”, que acusaba a la película de blasfema trajo como consecuencia la destitución de Muñoz Fontán, la prohibición de la película y hasta la sola mención de su existencia. Franco pide ver personalmente el film y ordenó a continuación la destrucción de todas sus copias. Pero la existencia de un contratipo en Paris evitó la pérdida total de esta obra maestra. Dieciséis años más tarde, y presentada como película mexicana, pudo finalmente estrenarse en España.

    Dentro de la filmografía de Buñuel, “Viridiana” representa en cierto modo una continuación de la prodigiosa “Nazarín” y su Ecce Homo riendo a carcajadas. Pero a diferencia del cura que trata de poner en práctica la doctrina de Cristo entre los hombres recorriendo los caminos, Viridiana se esconde del mundo en el convento. Buñuel la obliga a salir haciendo que la madre superiora la fuerce a visitar a su lascivo tío (Fernando Rey). La novicia se ve lanzada a afrontar el mundo y no se encuentra preparada para ello. Al igual que Nazarín, incorpora una concepción católica de la existencia que reniega de lo humano para mejor alcanzar lo divino. Al hacer un bien abstracto y desencarnado solo logra provocar catástrofes. Recoge a los mendigos en su casa y únicamente consigue que se despidan los criados. Se aprovechan de su ausencia para celebrar una orgía en la casa que los acogió, y uno de los favorecidos por su caridad está a punto de violarla.

    Si “Nazarín” había suscitado opiniones encontradas hablándose hasta de una conversión de Buñuel (¡¡¡¡¡), con “Viridiana” esto no ocurre, porque se trata de un film mucho más explícito que el basado en la novela de Galdós. Frente a la filosofía católica encarnada por Viridiana, Buñuel contrapone la materialista de Jorge, hijo natural de don Jaime y, por tanto, primo de la joven. El más claro exponente puede hallarse en el montaje paralelo de Viridiana y los mendigos rezando el angelus mientras que Jorge junto con los obreros trata de arreglar la finca y conseguir, mediante el trabajo, que ésta de frutos. La actuación individual de Viridiana será siempre inútil porque trata de solucionar problemas sociales. La caridad nunca podrá ocupar el lugar de la justicia. De nada sirve que Viridiana socorra a unos mendigos, si se mantiene intacta una sociedad injusta que los produce constantemente. Es inútil que se trate – como hace Jorge – de liberar a un perro que va atado con una cuerda a un carro porque unos segundos mas tarde pesará otro perro en idénticas circunstancias que el anterior.

    En “Viridiana” Buñuel deja muy clara su manera de pensar – y en “Nazarín” nunca hubo incógnita alguna a despejar -. Para él la religión es el opio del pueblo que predica la sumisión en la tierra y la recompensa en el cielo, lo que significa el aumento de la injusticia, de la desigualdad social y económica y la justificación y perpetuación de la opresión y de la tiranía en este mundo (visión que a día de hoy podemos presenciar en la España pepera, virtual y real heredera del franquismo, la lucidez de Buñuel siempre fue asombrosa). Los representantes de Cristo en la tierra son, a juicio de Buñuel, hipócritas y acomodaticios: pactan siempre con el poder y el dinero, mientras afirman estar a favor de los desheredados y de los oprimidos. Crean y sostienen que las instituciones – lo que se ha dado en llamar los pilares de la sociedad cristiana – que perpetúan la opresión, impiden el desarrollo del individuo y el avance de la comunidad. En definitiva Buñuel piensa que la clara toma de partido por parte de la Iglesia a favor de la clase dominante
    Y explotadora, hace imprescindible su destrucción si se pretende llegar a una sociedad justa e igualitaria.

    En la confrontación entre la manera de pensar de Jorge y la de Viridiana, se impone la de aquél. Dirigiendo la partida de tute final como una escena de humor, Buñuel multiplica su virulencia convirtiéndola en una iniciación amorosa de Viridiana por parte de su primo ante la atenta mirada de la criada Ramona. Esta astuta forma de presentar un “menage a trois” supone la claudicación de Viridiana., la confesión de su impotencia y la posibilidad de que la exnovicia acabe asumiendo su propia persona. Lo que supone igualmente asumir su propio cuerpo. Sin alma alguna.

    Luis Betrán

  2. Luis Betrán dice:

    El ojo y la navaja de Buñuel

    Cecil B. De Mille, paradigma del cine-espectáculo bíblico, lujurioso y naïf al californiano modo, decía que una película debía empezar con un terremoto y luego incrementar el crescendo hasta su desenlace. Ningún cineasta, y ahora nos situamos en el más estricto cine de autor, ha irrumpido en las salas oscuras de forma tan violenta como Don Luis Buñuel de Calanda y de Aragón. El ojo rasgado por la navaja de “Un perro andaluz” provocó y provoca un impacto emocional, subversivo y transgresor que sirve de icono a las vanguardias del siglo XX. Al mismo nivel que el trazo libre de “Las señoritas de Aviñón” de Picasso, las disonancias de “La consagración de la primavera” de Stravinsky o el monólogo interior sin signos de puntuación de Molly Bloom en el “Ulises” de Joyce. Tras estos contundentes puñetazos a la tradición decimonónica, el siglo XX configura su propia identidad cultural de la que Buñuel será consumado factótum y ejemplo de fidelidad a si mismo hasta el final de su carrera, en tanto que adalid supremo del surrealismo como credo estético y revolucionario.

    La importancia de Buñuel en la alta cultura del siglo consumido es de tal calibre que excede el hecho incontrovertible de haber sido uno de los cinco o diez mayores realizadores que el cine ha conocido. En efecto, cuando la figura de otros surrealistas – incluyendo al mismísimo gurú André Breton – aparecen hoy borrosas por la patina del tiempo, olvidadas o convertidas en caricatura de si mismos – Dalí, obviamente –, la estatura artística del León de Calanda – como le llamaban en su juvenil tránsito por el boxeo – no hace sino crecer y crecer, hasta el punto de abrumar y situarse en el Olimpo de aquellos artistas que, desde hace años y mucho antes de su muerte física, moran más allá del bien y del mal…

    No siempre fue así, y el terrible y genial turolense conoció las servidumbres, la humillación, el trabajo a destajo en ínfimas producciones mexicanas del más bajo presupuesto. Fueron sus años de galera de los que emergió , no podía ser de otra manera, con la patada a los bajos del espectador burgués en “Los olvidados”, hoy Patrimonio de la Humanidad en tanto que obra de arte. Y desde entonces, aún con inevitables altibajos de calidad, Buñuel fue elevándose a los cielos como el santo ateo más original y trascendente. Redundancia citar los hitos de esta vertiginosa ascensión: “Susana”, “Subida al cielo”, “Ensayo de un crimen”, “El”, “Nazarín”, “Viridiana”, “El angel exterminador” (¿el propio don Luis?), “Simón del desierto”, “Belle de jour”, “La vía láctea”, “Tristana”, “El discreto encanto de la burguesía”, “El fantasma de la libertad”…..Películas mexicanas, españolas y francesas. Da igual. A Buñuel le gustaba trabajar con holgados monederos tras pasadas penurias; más el ojo segado por el acero siguió inmutable hasta que la decrepitud física le obligó a alejarse del medio en el que había encontrado su ideal estético. Pena del extraordinario y lúcido proyecto de “Agón”.

    Acunado por el estruendo de los tambores de Calanda, educado por los cultivados jesuitas (él se burlaba de los hermanos maristas, menos de sus mentores religiosos), fascinado por la liturgia , la ortodoxia y la heterodoxia católica, fiel a una postura ética de izquierda rigurosa que jamás abandonó, compañero de juergas y explosiones creativas en la Residencia de Estudiantes, contertulio de una vasta intelectualidad madrileña primero y parisina o mexicana (Octavio Paz, Carlos Fuentes) despues, amante de Galdós y del marques de Sade, deslumbrado por los insectos y las armas de fuego, enemigo de dogmatismos y terrorismos de toda laya…..Imprescindible Buñuel, adorable Buñuel, individualista feroz, Buñuel de los desamparados, Buñuel contra los analfabetos funcionales, contra los enemigos del alma, contra la tecnología dogmática y la deshumanizada ciencia de proyectos militares. Radical y antiguo sin dejar de ser más moderno que nadie. Más de cien años de Buñuel, más de veinticinco sin Buñuel. ¿Es eso cierto?. Todo artista revolucionario, si no es flor de un día, de una pasajera y evanescente moda, si es verdaderamente revolucionario (la verdad es siempre revolucionaria porque es verdad, Marx dixit) deviene inevitablemente un clásico. Y un clásico no sabe ni de espacios ni de tiempos. Don Luis Buñuel. De ahí su inmortalidad. La del espíritu libre. Bebamos un enésimo Dry Martini a su salud.

    Luis Betrán

    Texto escrito por encargo del Gobierno de Aragón para la inauguración del Centro-Museo Luis Buñuel de Calanda al que asistió el entonces joven Príncipe de Asturias. Lo dejo como está, con la siguiente observación. Buñuel tan solo es discutido en España en general y en Aragón en particular. Recuérdese que cuando su película “El discreto encanto de la burguesía” obtuvo el Oscar al mejor film de habla no inglesa, el insigne cineasta no se molestó en recogerlo pero poco después fue invitado y homenajeado por el mismísimo Hollywood en una comida celebrada en la mansión de GEORGE CUKOR en 1972. Allí estuvieron rindiéndole la debida pleitesía estos caballeros, que al revés de lo que pensaba el turolense, conocían muy bien su figura y su obra: JOHN FORD, ALFRED HITCHCOCK, BILLY WILDER, WILLIAM WYLER, GEORGE STEVENS, ROBERT MULLIGAN, ROBERT WISE, ROUBEN MAMOULIAN……En una ocasión le preguntaron en Madrid al genial escritor argentino JORGE LUIS BORGES que opinaba de la envidia a lo que el autor de “El Aleph” respondió: “la envidia es cosa de ustedes los españoles que cuando algo les gusta mucho siempre dicen ES ENVIDIABLE”.

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