whiplash
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Whiplash es una película que ha irrumpido con fuerza en los últimos meses, sobre todo por la fama que le ha otorgado sus nominaciones a los Oscar. Hasta entonces, iba pasando disimuladamente por diversos festivales, algunos de bastante enjundia, aunque los galardones se han ido centrando en J. K. Simmons como actor de reparto.

whiplash poster

La principal virtud de Whiplash es la intensidad que proyecta desde su comienzo, y que, para casi agotamiento del espectador, no va cediendo en prácticamente ningún momento de la película. Pero bueno, es que lo que nos cuenta es la ambición que tiene Andrew (Miles Teller) para lograr su sueño de ser un gran batería profesional de jazz, y la presión a la que le somete el profesor Fletcher (Simmons). Y qué mejor para expresar esta presión y esa ambición que atacar con redobles infinitos en ensayos, y más ensayos, y competiciones, y más competiciones. Y no hay descanso, porque al llegar a casa se sigue ensayando, y criando heridas y ampollas y desgastando baquetas. Y tampoco hay tregua, porque para Fletcher todo es poco, todo es insuficiente, tanto de trabajo como de puteo. Cuando mejor se encuentra Andrew, peor le dice Fletcher que está. Es una guerra en la que los tambores suenan con toda su fuerza y nosotros estamos ahí, en medio, viéndoles sangrar. Literalmente.

Damien Chazelle había desarrollado esta trama en principio como un corto y, luego, como largometraje, que estrenó en Sundance en 2014. Sinceramente, hay que pensar en el gran mérito que tiene saber conducir una historia como ésta, que no tiene ninguna complicación ni originalidad, para hacer de ella un largometraje entretenido y atractivo. Por muy buena que sea la dirección, el ritmo, la música o las interpretaciones, tiene que haber algo más de fondo y esa magia es debida a Chazelle en exclusiva. No olvidemos que la película se puede contar tan fácil como lo que hemos dicho al comienzo de este texto.

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Al final, pasito a pasito, sin levantar la voz ni el volumen, Whiplash se ha ido abriendo camino a base de reconocimientos a su conjunto, a su guión y, sobre todo, a la magnífica interpretación de J. K. Simmons, que ha ido recogiendo premios sin parar a lo largo de los últimos meses.

No sé si Whiplash va a triunfar en su carrera hacia las estatuillas doradas. Lo tiene difícil porque no es una película típica para triunfar en estos festivales tan industriales, y tampoco es la película fácil que triunfa y arrasa ante el gran público. Tal vez haya empujado con toda su fuerza en las últimas semanas como lo hace Andrew, con la rabia y la intensidad que sólo se entienden y funcionan al final de las historias, bajo pena de perder todo su sentido y sensibilidad.

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Y, por último, también queda por ver cómo responde Whiplash al paso del tiempo, o cómo responde el paso del tiempo a Whiplash, porque estas películas nunca se sabe si caerán en el olvido de la flojera o se mantienen como títulos de culto. De momento, a disfrutar del redoble de tambor, timbal y demás.

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